Viajar con niños y los aeropuertos (1/2)

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Niños en el aeropuerto

Viajar con niños en avión es una experiencia fantástica pero al ser un medio del que no puedes controlar nada, como puede ser viajar en coche, tienes que estar siempre estar alerta y prevenido ante los acontecimientos que te puedan pasar. Soy un exagerado pero me da pánico perder el transporte y por eso intento anticiparme a los momentos del embarque más de media hora. Eso supone largas esperas en un lugar que no está del todo preparado para los niños. Aunque hay excepciones.

Viajar ahora en avión y con niños que hayan superado los tres-cuatro años es tremendamente fácil. Si además tienes la suerte de poder acceder a la T4 del Aeropuerto de Barajas en Madrid, lo tienes casi todo hecho.

He viajado recientemente con mi hija de seis años a Málaga, desde Madrid (T4) con Iberia y no he tenido ningún problema con su documentación. Ella no tiene ni DNI ni Pasaporte aunque siempre llevo el Libro de Familia por si las moscas. Me lo pidieron y miraron en la ida pero no en la vuelta. Curioso.

En la T4 la clave es seguir las instrucciones y saber los pasos que tienes que dar. El billete electrónico es tan fácil que mi hija es capaz de recuperar las tarjetas de embarque y la pegatina de identificación para la maleta simplemente insertando la tarjeta Iberia Plus. Facturar el equipaje es cuestión de hacer una fila y dejar la maleta en la cinta transportadora.

Una vez dejada la maleta lo siguiente es pasar el control de seguridad. Esta es la etapa más humillante y más desagradable. Siempre me dejan los pantalones sin cinturón y tienes que hacer esfuerzos de cadera para que no se caigan. Como curiosidad, un día pasé con tirantes y no me los hicieron quitar, que absurdo.

Para mi hija es un momento divertido, lo tiene que meter todo en bandejas y pasar por un arco que puede pitar mientras unos señores con uniforme te miran ¡es divertido ser protagonista!

En la ida o no lo vieron o no se enteraron pero pasé con la botella de agua de 50 cl. por la zona de rayos y con el termo portátil lleno de leche de almendras (ella es alérgica a la PLV – proteína de leche de vaca- pero eso es tema de otro artículo). En la vuelta me preguntaron al menos si el agua era para ella y dije que sí. Los controles de seguridad tienen estas cosas.

Si has facturado la maleta, pasado el control de seguridad y revisado la puerta de embarque el aeropuerto se convierte en un lugar delicioso. Te quitas la presión y puedes relajarte tomándote algo en el bar, mirando en las tiendas (las de juguetes son las favoritas de mi hija), observando el trajín incesante de viajeros y pensando a dónde va cada uno de ellos. Como curiosidad, este año la gran cantidad de Blackberrys que he visto en los aeropuertos me ha dejado bloqueado. Hacía tiempo que no viajaba en avión pero el número de estos terminales me ha dejado anonadado.

En los bares del aeropuerto además de pagar un precio muy elevado es difícil encontrar comida razonable para un niño alérgico. Esta vez tuvimos suerte y mi hija, que además tenía hambre, se animó con un sencillo bocadillo de jamón que servían en uno de los bares.

En un próximo artículo seguiremos comentando la experiencia de viajar con niños y los aeropuertos.

Foto | Sagie Maoz

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