
El otoño se nos antoja el tiempo de lo triste, parece que la muerte va a mandar sobre la efervescente vida de la primavera y el verano. Pero en nuestros campos se piensa justamente lo contrario: es la estación de la fertilidad. Y un exponente muy llamativo de ello es la berrea de los ciervos.
Desde mediados de septiembre, los bosques van cambiando de color. Y muchos animales aprovechan esta estación de clima benigno y rojos frutos para buscar amores que aseguren la reproducción en el año siguiente. Las osas acaban de terminar su celo, varios sapos, pobrecillos tan escasos, aprovechan para buscar pareja y cuidar de su futura prole, erizos comunes, comadrejas, a veces los gatos monteses y jabalíes tienen una segunda camada anual, mentras que los gazapillos de la quinta o sexta comienzan a sacar el inquieto hocico al mundo.
Es el momento de la berrea. Los venados luchan con sus afiladas cornamentas por hacerse con la manada más copiosa de hembras y emiten unos sonidos roncos que dan nombre al acontecimiento. Y esto dura desde primeros de septiembre hasta finales de octubre.
La berrea es un atractivo turístico, y se organizan viajes en las fechas en que esta ocurre. También se puede viajar por nuestra cuenta. En cualquier caso, pocos acontecimientos naturales son tan atractivos e ilustrativos para ver con niños. Podemos hablar de la naturaleza, de biología, de reproducción y selección natural. De la música natural, las familias y el ecologismo.
Y también podemos simplemente disfrutar de la belleza que se nos presenta por ojos y oídos pocas veces al año.
Foto | Heinz Seehagel.