La ambigüedad del bruxismo

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Y es que no hay una relación causa-efecto para este fenómeno tan común, conocido como bruxismo. Fenómeno que, como sabéis, consiste en rechinar o apretar los dientes, principalmente los posteriores (molares).
Muchos niños al apretar los dientes también los rechinan, esto significa juntarlos y deslizarlos, generalmente haciendo un movimiento oblicuo hacia adelante y hacia atrás. Esta acción puede hacer que los dientes se desgasten, produciendo un sonido muy molesto.

Muchos de vosotros os preguntaréis por qué vuestros hijos padecen este fenómeno. Pues bien, las causas pueden ser de lo más variopintas; y es que el bruxismo en niños ha sido atribuido a todo tipo de trastornos, desde situaciones de estrés emocional, hasta alergias, deficiencias nutricionales, posición al dormir y típicamente a parásitos aunque, como os decía al principio, la relación causa-efecto es inexistente.
Los que apoyan las teorías psicológicas aseguran que la ira, el temor, la agresión, el estrés y la frustración pueden favorecer su desarrollo.

Si bien las causas son ambiguas, confusas, nada nítidas, las consecuencias son más evidentes: dolor o inflamación de mandíbula, cefalea temporal, dolor de oido, fatiga de los músculos masticatorios al amanecer,...

Conocidas las consecuencias, llega la hora de paliar al máximo las mismas. Los objetivos del tratamiento serán, por tanto: reducir el dolor, prevenir el daño dental permanente y disminuir el comportamiento de rechinar los dientes lo más posible.

¿Qué podemos hacer pues por nuestros hijos para reducir al máximo este molesto fenómeno?

  • Reducir toda actividad durante la 2ª mitad del atardecer.
  • Establecer un ambiente de sueño favorable, agradable y tranquilo, cama agradable, silencio, 18º C, con aire fresco.
  • Masajearles los músculos del cuello, de los hombros y de la cara, y buscar cuidadosamente nódulos pequeños y dolorosos, denominados puntos desencadenantes, que pueden referir el dolor a lo largo de la cabeza y la cara.
  • Aprender ejercicios de estiramiento de fisioterapia para ayudar a recuperar el equilibrio normal de la acción muscular y articular a cada lado de la cabeza.
  • Aplicar hielo o calor húmedo en los músculos de la mandíbula inflamados. Cualquiera de las dos terapias puede tener un efecto beneficioso.
  • Evitar comer alimentos duros como nueces, dulces o filetes.
  • Beber mucha agua todos los días.

Y es que la sociedad vive en un constante estado de crispación y estrés que se refleja en las mandíbulas de nuestros peques.

¡Habrá que enseñarles a relajarse y a tomarse la vida con mucha más calma!

Foto | Pulguita

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