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Trastornos sueño

Hace unos días hablé sobre la importancia de dormir bien para el desarrollo de los niños, y anticipé que ampliaríamos la información con una revisión de los trastornos del sueño. Es importante saber que cuando estos trastornos se mantienen desde la infancia, los niños pueden sufrir problemas de salud, también es posible que se manifiesten alteraciones de la conducta (estas más fácilmente detectables).

Desde Zona Pediátrica nos cuenta que ‘a pesar que existen patrones del sueño característicos para cada etapa del desarrollo infantil, no debemos olvidar que cada niño tiene su individualidad respecto al sueño’. Empezando por los hábitos (más o menos dormilones… ‘los míos son de los últimos’), y acabando por la forma de dormir (más o menos tranquila).

Otra cosa es que las alteraciones normales del sueño infantil afecten significativamente el curso del desarrollo evolutivo de los peques: es cuando hablamos de trastornos del sueño, y son situaciones que afectan a toda la familiar

Trastornos del sueño (más frecuentes) en la infancia:

  • Sueño inquieto, se suele manifestar por medio de reacciones aisladas o combinadas tales como saltos en la cama, vueltas, gritos, rechinar de dientes, facilidad para despertarse, dificultad para volverse a dormir y somniloquios (hablar dormido).

Entre los 3 y 6 años, las causas pueden ser de tipo emocional: pautas de conducta muy exigentes, cambios de domicilio y escuela, conflictos familiares, miedos, pérdidas significativas (familiar, amistad, mascota) y otras.

  • Insomnio: se refiere a la incapacidad crónica para dormir. Se considera insomnio, cuando las horas de sueño son frecuentemente menores a las consideradas normales para su edad, y además va acompañado de inquietud, irritabilidad, malestar y fastidio del pequeño durante el día. El verdadero insomnio es poco frecuente en niños.
  • Terror Nocturno: es un motivo de consulta bastante frecuente, por lo dramático del episodio produce gran angustia en los padres. La inmadurez neurológica puede ser un factor desencadenante de esta entidad.

Suele aparecer en niños de cuatro a 10 años de edad, en los que se presentan episodios repetidos de despertar brusco con un grito de angustia, una o tres horas después de dormido. El comportamiento se acompaña con una expresión de terror, la mirada fija, quejas y dificultades para ser despertado. Normalmente los pequeños no recuerdan este episodio.

Hace dos años, el doctor Pin (de la Unidad Valenciana del Sueño de la clínica Quirón) alertaba desde las páginas de la AEPED: ante la continuada presencia de alteraciones del sueño, se recomienda una visita al pediatra “si los padres observan una mayor irritabilidad, cambios en el carácter, o los episodios se repiten con mayor frecuencia sobre todo a edades en las que ya no es habitual”
  • Pesadillas: se concretan en reacciones que tienen que ver con la ansiedad asociada a sueños espantosos.

En las pesadillas, el niño se despierta algo confundido, llorando, pero reconoce a las personas que le rodean y suele calmarse con esta compañía, al día siguiente es capaz de relatar su “sueño malo”. Son más frecuentes en niños por encima de los 5 años.

  • Sonambulismo: los diversos estudios no han demostrado psicopatología verdadera asociada, sólo niveles de ansiedad. Su frecuencia es baja, se ha señalado entre 1 a 6 % de la población en general, se presenta en niños mayores de 7 años.

Además la Asociación Española de Pediatría relaciona otro tipo de trastornos del sueño en la etapa infantil como Narcolepsia, síndrome de apneas obstructivas del sueño, enuresis o despertares confusionales.

Ayudar a conciliar el sueño y resolver problemas.

El niño de 3 a 6 años puede dormir toda la noche e incluso hacer una breve siesta en horas de la tarde. En esta etapa ocurren los llamados “miedos nocturnos”, a la oscuridad, a los monstruos, a los ruidos, a los fantasmas, etc. Entre los 6 y 8 años, normalmente el niño duerme toda la noche, puede tener sueños y pesadillas que por lo general no recuerda

Pese a esta afirmación pueden existir variaciones individuales porque cada niño es diferente, pero los padres siempre podemos ayudar a conciliar el sueño leyéndoles un cuento, dándoles un baño relajante, susurrándoles palabras hermosas al oído, acariciándoles el cabello, o masajeándoles los pies.

Y cuando sospechamos o tenemos la confirmación de un trastorno del sueño, es conveniente consultar con su pediatra, quien descartará cualquier causa orgánica que origine tal alteración, y dará orientaciones apropiadas y oportunas para manejar la situación.

Lo que parece confirmado al menos desde las instituciones pediátricas es un aumento en la desorganización de hábitos familiares que desemboca en pautas inadecuadas de sueño en los niños. Según la AEPED El déficit de sueño que padecen los niños en la sociedad actual está provocando en los últimos años un aumento en la prevalencia de los trastornos del sueño en la población infantil.

Imagen | Owens Valley Desert Rat
Fuente | Zona Pediátrica
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