En los últimos años se ha demonizado la relación de los niños con la televisión. A pesar de que yo apenas la veo, o quizás precisamente por eso, opino que la televisión no tiene por qué ser mala, siempre y cuando se utilice de una manera responsable.
Está en nuestras manos enseñar a nuestros hijos a utilizar la televisión como medio educativo y lúdico, pero sin abusos. Como sucede con casi todo, la virtud está en el término medio, no es necesario prohibirla, pero tampoco es razonable que no hagan otra cosa.
Una vez más debemos ser un ejemplo para nuestros hijos, ya que de nuestros hábitos nacerán los suyos. Tener la tele todo el día encendida, incluso cuando no hay nadie viéndola, es una costumbre bastante extendida y que tiene consecuencias negativas para nuestros hijos. Por un lado la sucesión de imágenes en movimiento les sobre-estimula, haciendo que estén más irritables o les cueste más conciliar el sueño por las noches. También se han relacionado con pasar demasiadas horas frente al televisor dolencias tan dispares como asma, miopía o diabetes.
También es más fácil que el niño vea contenidos poco adecuados para su edad si nos dejamos la televisión encendida sin que nadie supervise la programación. Aún nos quedaría la opción de poner sólo DVDs o un canal infantil. Esto tampoco carece de inconvenientes ya que dedicar demasiado tiempo a la televisión le quita tiempo a nuestros hijos para actividades vivenciales, que son más enrriquecedoras como jugar, leer, bailar o relacionarse con otras personas.
Entonces, ¿cómo enseñamos a nuestros hijos a usar la televisión? Lo primero de todo acompañándoles mientras la ven. No utilizar la tele como niñera, ni ponerla por aburrimiento, sino para ver un programa en concreto que nos gusta o nos interesa, verlo en compañía del niño por si es necesario explicarle o aclararle algo, apagarla cuando el programa finalice y aprovechar para comentar lo que hemos visto: qué nos ha gustado y qué no, qué cosas nos han llamado la atención, si tenemos alguna opinión sobre el tema o si alguna vez nos ha pasado algo parecido.
En definitiva, podemos darle la vuelta a la tortilla y convertir la televisión en una herramienta para enriquecer el diálogo familiar y fomentar la capacidad de debate de pequeños y mayores.
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A mí me gusta acompañarles y a ellos, también. Yo odio los anuncios, pero, como hay tantos, opté por limitarlos, no prohibirlos, y enseñarles a ser críticos con ellos. Estupenda idea y desarrollo del artículo.