
Desde que yo era pequeña, se repite una tradición todas las primaveras: es la visita obligada al Tren de la Fresa, que une Madrid con Aranjuez. La excursión vale la pena, consiste en un viaje de ida y vuelta en una locomotora de vapor en la que hay degustación de fresones y una animación muy especial de personas con trajes de época que van contando la historia del ferrocarril.
La visita incluye, además de los fresones y del viaje, traslados entre la estación y el Palacio Real de Aranjuez, donde hay una visita guiada y otra visita al Museo de Falúas. La verdad es que es un viaje muy completo y ayuda a los pequeños a ponerse en contacto con la historia (no olvidéis que la primera línea de ferrocarril abierta en Madrid fue precisamente esta que hoy os traigo).

