Hace dos semanas tuve la oportunidad de asistir a un fantástico curso con otras madres y otros padres. Estuvimos hablando de nuestras emociones, de las emociones de nuestros hijos y de la educación que, al respecto podemos hacer desde el hogar. Es un tema que me interesa muchísimo y al que durante los últimos años he dedicado horas de lectura, tengo muy claro que es fundamental reconocer nuestras emociones en diferentes momentos, y también aceptar las emociones de nuestros hijos. Sin embargo dedicar unas horas a una acción formativa en este sentido me dió una visión más global y elaborada sobre la importancia de las emociones en la familia.
Es posible que hayamos oído hablar de emociones positivas o negativas, pero en realidad las llamadas emociones básicas no son en sí mismas buenas ni malas. No lo son porque el miedo es un mecanismo de supervivencia, al igual que lo es el “asco”, así pues tienen mucha utilidad. Lo que si es cierto es que algunos de los sentimientos provocados por esas emociones que anidan dentro de cada uno de nosotros, nos pueden provocar cierto rechazo. Es habitual que haya madres o padres que se muestren satisfechos con la alegría de sus hijos y, en cambio, se pongan nerviosos cuando el mismo niño muestra ira, tristeza o miedo.



