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Una bofetada no es un recurso educativo; en cambio cuando aprendemos a resolver conflictos también enseñamos a los niños

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Los padres mostramos modelos de conducta incluso cuando creemos no estar educando explícitamente, porque los niños nos observan y se fijan en cómo hacemos las cosas, por lo menos durante la primera infancia. Y de hecho las incoherencias entre el mensaje verbal y el corporal se saldan con puntos a favor del segundo, o lo que es lo mismo: ‘gritarle a un niño que no se pega mientras le damos un cachete’, sienta las bases para que haga lo mismo. Y en este caso es ensañarse con alguien más débil y vulnerable (aunque sea de forma puntual con un hermano pequeño).

La ‘bofetada a tiempo’ no es un recurso educativo, por más que haya todavía muchas personas que la defienden (incluso hay quien se aprovecha de ser personaje público para trasladar este tipo de consejos a los padres). ¿A tiempo de que? me pregunto yo, pero más allá de mi crítica, os quiero presentar un vídeo producido por FAROS, en el que Mª Dolors Petitbò, jefa de la sección de Psicología en el Hospital Sant Joan de Déu, nos explica porqué un cachete o una nalgada no sirven para el propósito que creemos.

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El castigo físico recibido durante la niñez puede aumentar la agresividad y los trastornos mentales

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El castigo físico recibido durante la niñez puede aumentar la agresividad y los trastornos mentales

Mientras que para muchos de nosotros resulta obvio que el castigo físico a los niños, además de resultar humillante, puede dejar señales en su personalidad, todavía hay quien argumenta que las nalgadas o cachetes no se pueden considerar como maltrato.

Al respecto puedo decir que para saber si se considera o no maltrato, además de atenernos a la definición del término, podríamos preguntarles a los receptores de los golpes, puede que su opinión nos sirva de algo. Y también me gustaría dejar claro que aunque sí que se pueden establecer diferencias entre una paliza y un par de tortazos, estas se mueven en el terreno de la moralidad y las consecuencias físicas, no obstante al niño se le hace daño emocional independientemente del grado de violencia, y esto es por lo que se transmite al pegar.

Puesto que en otras ocasiones ya hemos hablado en el blog acerca de este tema, hoy me gustaría acercaros la visión de dos estudios canadienses realizados este año, y de los que puede que ya hayáis oído hablar. Joan Durrant (de la Universidad de Manitoba) y Ron Enson (del Hospital Pediátrico del este de Ontario), afirmaban a principios de año que ‘a largo plazo, el castigo físico se relaciona con graves problemas de salud mental, como adicciones, depresión o ansiedad’.

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En Italia se ha iniciado una campaña para decir NO al castigo físico contra los niños

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Ve el video en el sitio original.

En Italia Save Children ha dado comienzo a una campaña llamada “A mani ferme — Per dire NO alle punizioni fisiche nei confronti dei bambini”, está orientada a decir NO al castigo físico contra los niños. Algunos de los datos que ofrecen la investigación llevada a cabo por esta organización, nos cuentan que un 22 % de los padres italianos golpean a los niños varias veces al mes, y un 5 % lo hacen a diario. Sin contar con un 49 % que utiliza estos métodos en casos excepcionales.

Por lo visto aún hay quien cree ver un valor educativo detrás de bofetones, azotes, palmadas o empujones. Aunque afortunadamente un porcentaje elevado de padres y madres creen firmemente que los pilares de la relación educativa con sus hijos deben ser la escucha activa y el diálogo. Y un 25 % se niega categóricamente a recurrir a la violencia física.

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Los castigos físicos no sirven para educar y son una vulneración de los derechos infantiles

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Los castigos físicos no sirven para educar y son una vulneración de los derechos infantiles

A veces escucho conversaciones en mi entorno acerca del tema de los cachetes u azotes en los niños, normalmente los comentarios se orientan hacia la necesidad de pegar ocasionalmente a los hijos, justificando este acto en aras a la correcta educación de los más pequeños. También veo pellizcos, estirones de pelo y tortazos, y me pregunto si después estas madres o estos padres sentirán culpabilidad.

Pero en realidad el castigo físico no sirve para el fin que algunos progenitores pretenden porque lejos de conseguir que sus hijos les respeten fomentan el desprecio de éstos hacia el adulto, por otra parte los sentimientos de hostilidad y los deseos de vengarse estarán presentes. Tan arraigado está este asunto en nuestra sociedad que aún hoy en día nos queremos permitir discutir acerca de que una paliza no es conveniente pero un cachete a tiempo sí.

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