
Cuando tomamos la decisión de ser padres dificilmente imaginamos las satisfacciones que nos aportará la maternidad / paternidad, la vida nos cambia por completo y nuestras prioridades se transforman. Cuando tuve a mi primer hijo “miré hacia atrás” y me di cuenta de que muchas de las cosas que había hecho antes no tenían mucho sentido comparadas con el privilegio de compartir mi vida con esa nueva personita que llegó a nuestra familia para enriquecerla.
Observar a nuestros hijos es como mirarnos en un espejo muy particular: un reflejo sincero que nos permite darnos cuenta de nuestros errores y potenciar nuestros dones. Cada minuto que pasamos junto a ellos es una oportunidad de ser mejores personas, aprender a recuperar la espontaneidad, admirar la sencillez y adquirir una capacidad de amar sin límites.


