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Hace unos cuatro meses que a causa de un terremoto y posterior tsunami en Japón se produjo un desastre nuclear en la central de Fukushima y escapes en otras centrales del país. Un hecho así debería haber hecho reflexionar a la Humanidad sobre el potencial peligro de las centrales nucleares y (quizás) haber originado un cambio aunque sea pequeño en las políticas nucleares. Y es que la contaminación nuclear y los residuos que esta forma de generar enería provocan nos acompañarán durante cientos (y miles) de años.
Preguntas nos podemos hacer muchas ¿son seguras las centrales nucleares en nuestro país? ¿qué garantía tenemos de que se supervisen eficazmente los sistemas de funcionamiento y de que se eliminen “seguramente” los residuos? (no creo que esta posibilidad se de por eso he entrocomillado), ¿qué formas de energía alternativas existen?, ¿qué responsabilidades tenemos y cuáles asumimos con el Planeta y las generaciones futuras?
Y como de lo que se trata es justamente del estado en que vamos a dejar nuestro entorno y de las repercusiones de nuestras acciones sobre la salud de los niños, ellos también van a pedirnos información, y van a cuestionarnos. Os he taído un cómic traducido y adaptado por la organización Ecologistas en Acción, se llama “Elena y Goyo y la central nuclear”
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