
Morderse las uñas, carraspear, frotarse la nariz, morderse los labios, vestirse en un orden concreto… Los tics y manías son muy frecuentes en la infancia, suelen comenzar entre los cinco y los siete años y aumentan entre los ocho y los diez, llegando a afectar a un 20-25% de la población escolar, para ir desapareciendo paulatinamente en la adolescencia.
Aunque a veces los utilicemos como sinónimos tics y manías no son lo mismo. Un tic es un movimiento corto, repetitivo e involuntario, y que se realiza con frecuencia y de manera irregular. Una manía es una conducta, de carácter voluntario aunque muchas veces inconsciente que se repite muy a menudo. Lo que tienen en común es un origen con frecuencia ligado a situaciones de ansiedad o estrés.
