
Dentro de dos días esperaremos que los Reyes Magos y sus acompañantes desfilen por las calles de nuestras ciudades montados en camellos, caballos o carrozas. Los ojitos de nuestros hijos brillaran, y los nuestros denotaran nuestra emoción al compartir su ilusión y también porque conservamos retazos de nuestra niñez en el corazón. Previamente los peques reflejan sus deseos en las cartas manuscritas que depositan en buzones o entregan a embajadores de Sus Majestades.
Una, dos, y hasta tres cartas diferentes llegan a escribir mis pequeños, una la entregan al Cartero Real que visita el colegio, pero nos queda la duda de si el mensaje será recibido por sus destinatarios, tenemos que escribir otra que puede que no nos guste y rompamos a pedazos para confeccionar, “esta vez sí” la definitiva.





Eso es lo primero que me ha dicho mi hijo esta madrugada, cuando se ha despertado al oír la alarma del reloj de su padre, Mamá, ¡esta noche vienen los Reyes Magos! . Y es que la espectativa es grandísima, aunque, para ser sinceros, ya ha olvidado lo que les pidió. Porque su carta está enviada desde hace más de un mes, por si no les llegaba a tiempo.