
Cuando mi padre me vio por primera vez, su corazón se iluminó de nuevo: era la oportunidad para revivir la niñez ya que la suya propia había estado marcada por las dificultades. Cuando nació mi primer hijo, mi pareja fue la primer persona que lo acogió en sus brazos (los detalles de un parto hospitalario complicado prefiero olvidarlos), sus prioridades se modificaron en cuestión de segundos mientras miraba a la personita que llegaba para cambiar su vida por completo.
Cuenta mi madre que cuando salíamos a pasear los tres (con el paso de los años seríamos cinco), mi papá me llevaba en brazos como si me quisiera presentar a cada una de las personas con que nos cruzábamos: todos sabemos que los bebés se ven mejor cuando están fuera del carrito. Siendo mi hijo un bebé de pocos meses observaba a su padre que acostado junto a él le decía cuando lo amaba, acababan por dormirse los dos cogidos de las manos.








