
En realidad Halloween es una fiesta para reunirse con los amigos y participar juntos en la creación de una celebración simbólica en la que los niños “piden dulces” a los vecinos recordando a los muertos que pedían alimentos al pueblo celta en la noche da Samhaim. Aunque ahora creamos que esta fiesta nos llega de Norteamérica, allí llegó también algún día a través de las comunidades de irlandeses católicos a mediados del siglo XIX.
Me llama la atención especialmente el afán de consumir que se observa alrededor de determinadas señaladas: tiendas repletas de personas buscando el mejor disfraz, bolsas enormes de caramelos, estantes repletos de complementos y mucha prisa por conseguir la mejor decoración en una hora. Sin embargo pocos saben el origen de Halloween, aunque es muy bonito acercarlo a los niños.








