
Todos los padres enseñan a sus hijos unos determinados modales en la mesa. Y digo todos porque, aunque algunos no quisiesen enseñar absolutamente ningunos o comiesen con la boca abierta, ya estarían enseñando una determinada forma de comportarse en la mesa.
Yo soy partidaria de explicarles claramente lo que se espera de ellos cuando se sientan a comer, cuáles son las razones de los modales habituales, cómo se puede comer en casa pero no en un restaurante, etc. Forma parte de la vida social que llevan y llevarán, así que me parece importante.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que, muchas veces, lo que a un adulto le resulta fácil, para ellos puede ser incómodo o sencillamente imposible de realizar.
