
En los últimos años hemos visto cómo cada vez aumenta la oferta turística para personas que quieren pasar sus vacaciones lejos de los niños (de los otros, generalmente). Esta semana ha aparecido en diversos medios un pueblo que va más allá: en él no se permite que vivan niños. Este pueblo tan curioso se llama Firhall y está en Escocia, y sus habitantes se escudan en una serie de reglas que en su opinión “mejoran la convivencia”.
Cuando cualquier persona se muda a vivir a esta localidad, tiene que firmar una escritura de propiedad en la que acepta no tener patos, conejos, palomas y abejas; un solo perro por familia y nada de niños. Para los adultos también existen restricciones, no os vayáis a pensar, y solo aceptan futuros habitantes de más de 45 años. Lo que sí son aceptables son las visitas de niños si son hijos de otros o nietos pero existe un límite en la frecuencia con la que los niños pueden ir a Firhall.

