Ya hemos hablado alguna vez en nuestro blog sobre que la mejor forma de educar a nuestros hijos es haciendo nosotros aquello que queramos que ellos hagan. Y no hablo únicamente de educación entendiendo como educación las buenas costumbres.
Me gustaría ir un poquito más allá y hablaros de educación de los sentimientos, por darle algún nombre, claro está, ya que los sentimientos si bien es cierto no se pueden educar, si se pueden transmitir.
Así lo ha declarado la Asamblea General de las Naciones Unidas, pues una de sus mayores preocupaciones es la gran pérdida de diversidades biológicas que sufre nuestro planeta. Y es que, a día de hoy, el ritmo de extinciones es mil veces mayor que el ritmo que podríamos considerar como normal. ¿Lo más lamentable? Esta pérdida es causada por la actividad humana y agravada por las alteraciones climáticas.
Una vez más han saltado en los diarios nacionales las lamentables notcias sobre los niños como fumadores pasivos. Según un estudio del comité nacional para la prevención del tabaquismo, los niños expuestos al humo del tabaco sufren un 70% más de infecciones que el resto y son más propensos a padecer otitis, amigdalitis o faringitis.
Los datos nos advierten de que cuatro de cada diez niños que sufren una enfermedad respiratoria crónica son fumadores pasivos y también es mas común en ellos el absentismo escolar.
Hace poco leí en un blog un artículo muy interesante y real, muy relacionado con alquel otro que escribió hace tiempo nuestra compañera Alicia sobre La campaña “los niños ven, los niños hacen”, en el que tan bien nos mostraba la repercusión de nuestros actos en el desarrollo de nuestros hijos.
Y es que seguimos sin darnos cuenta que los niños son meros imitadores de las conductas que los adultos les enseñamos de forma cotidiana. Intentamos por todos los medios que aprendan unas normas de educación y convivencia que consideramos básicas, pero sin ser su ejemplo con las nuestras. De ahí que el artículo “Cosas que pedimos a nuestros hijos y nosotros no hacemos” muestre una realidad dificil de rebatir.
No sé en vuestras casas, pero por la calle de vez en cuando, nos topamos con un niño rabioso, enfadado, que llora o que patalea porque no está contento con lo que le pasa. Antes de llegar a esos extremos, es bueno ponerle una solución, y hoy os propongo cinco maneras de canalizar la ira de un niño que está enfadado, ya sea porque quiera pelea, porque le han quitado su juguete favorito o porque no quiere irse a dormir. Hay muchas maneras de conseguir que se calme y de educarle en el respeto sin tener que llegar a estos extremos. Veamos cómo podemos actuar.
1. Habla del problema. Pregunta con calma a tu hijo qué ha sucedido y por qué está tan enfadado. Algunos niños se calman sólo hablando de qué es lo que les enfada. Si el pequeño no quiere hablarlo contigo, a lo mejor prefiere contárselo a un peluche, a una mascota o a un amigo imaginario, el caso es que saque fuera lo que tanto le enfada.
2. Dale ánimos y cariño. Tu hijo está muy dolido por la situación que le enfada, así que déjale saber que estás a su lado en una situación frustrante. Prueba a darle un abrazo y a demostrarle que puede contar contigo.
En vacaciones, todos los años aumenta el número de abandonos de mascotas. Y este año y el anterior, aún más, al parecer debido a la crisis económica que nos azota.
Si nos encontramos en la situación de no saber qué hacer con el perro o el gato, pensémoslo bien. No lo digo sólo por el animal en sí, que por supuesto tiene derecho a ser cuidado toda su vida y a que sean responsables de sus necesidades aquellos que lo adquirieron, sino por el ejemplo que les estamos dando a nuestros hijos.
Abandonando a nuestra mascota les estamos enseñando a traicionar la confianza. A maltratar a los débiles, a los que dependen de nosotros. Les enseñamos con nuestros actos que los sentimientos no son importantes, sino el dinero y los condicionantes sociales.
Si no lo haceis por el animal, hacedlo al menos por vuestros hijos.
Hemos hablado aquí en varios artículos de la importancia del ejemplo de los padres y tutores en la educación de los niños. En NAPCAM, una asociación australiana para la prevención de los abusos a menores, lo han visto claro y han lanzado una campaña con el título “Los niños ven, los niños hacen”, cuyo vídeo podemos ver en la cabecera de este artículo.
En el vídeo no sólo vemos actitudes sencillas y costumbres de los adultos que los niños repiten, sino cosas tan fuertes como la grosería o el maltrato de un hombre hacia su pareja. Los miembros de esa asociación saben que los niños no aprenden lo que se les dice, sino lo que ven, lo que hacen sus mayores, sus referencias.
Unos niños que ven mala educación en sus padres, que observan que tratan irrespetuosamente a los demás, no van a ser educaditos precisamente. Los hijos de maltratadores son en muchas ocasiones maltratadores a su vez. Es difícil zafarse de ese círculo y casi imposible durante la infancia.
Esta campaña me hace pensar en la responsabilidad que tenemos hacia los menores, no sólo en lo que les decimos, sino, sobre todo, en cómo nos comportamos. Y que debo exigir sólo lo que yo misma puedo hacer.