Recuerdo muy bien cuando era pequeña y mi madre se enfadaba conmigo, realmente me afectaba muchísimo y procuraba contarle algo divertido para que cambiase su humor, o incluso hacerle una preguntar relacionada con otro tema para intentar que cambiase su estado de ánimo. En ocasiones me daba por reír, era mi mecanísmo defensivo para que no me afectase la situación, aunque me ha llevado a tener más de un disgusto, ya que el adulto tiende a pensar que te estás riendo de él y la situación se tensa mucho más. Es lo que llamamos la risa nerviosa, así que cuando mi hijo pasa por lo mismo me doy cuenta que sus propios nervios hacen que al final suelte una carcajada.
Claro, todo depende también del tipo de persona que seamos, hay a quien no le afectan las situaciones tensas y hay quien lo pasa muy mal. Quizá porque el primer tipo de personas tienen más fortaleza emocional, quizá porque han desarrollado antes la capacidad de no verse influenciado por su entorno, aunque pienso que es difícil, que siempre nos afecta, al menos en nuestra infancia.