
Ya hemos hablado anteriormente de la ayuda que podemos prestar a los niños cuando fallece un familiar, pero hoy lo vamos a hacer compartiendo un artículo de la Asociación Española de Pediatría en su sección informativa En Familia.
Los papás y las mamás tenemos tendencia a proteger a los niños, y ello incluye “alejarlos” incluso de sus propias emociones, pero estoy convencida de que al permitir a los pequeños expresar su dolor, estamos favoreciendo que el “tránsito” por esta experiencia sea saludable y les dé un poco de estabilidad. Por otra parte no olvidemos que los niños necesitan comunicación también sobre este tema, por lo cual siempre seremos sinceros y les escucharemos.
Desde la AEPED nos cuentan cómo evoluciona la idea de muerte en el niño, y también nos ofrecen recomendaciones, por otra parte dan algunas pistas sobre “cuándo conviene incrementar la vigilancia” en un niño cuyo familiar ha muerto.




Tras las recomendaciones dadas en los anteriores artículos, es importante anotar un punto más a todo este proceso, y es el riesgo que se tiene de no estar realizando adecuadamente el Duelo. Hay una serie de factores que nos pueden indicar que el niño no está asimilando correctamente la pérdida, con el consiguiente desequilibro que esto puede causarle.
Hay una serie de recomendaciones de los expertos en el duelo infantil. Según el servicio de atención psicológica del Instituto Anatómico Forense de Madrid, mediante el folleto explicativo que entregan a las familias con niños que han perdido a un familiar, muestran diversas alternativas para ayudar al niño en el proceso de duelo.
Al principio el niño puede negar la realidad, aunque podo a poco irá adaptándose a su nuevo entorno natural. Las manifestaciones de este duelo irán presentándose poco a poco y de muy diversas formas, todo depende del niño, al igual que nos pasa a los adultos, cada uno refleja la pérdida de una manera y todas son respetables.
Aunque son temas que solemos evitar, nadie estamos exentos de que nos pueda ocurrir. Es importante hablar claro a nuestros hijos y no intentar modificar la realidad, puesto que el periodo de duelo tienen que pasarlo igual que los adultos. Dependiendo de la madurez del niño será más o menos fácil que comprenda realmente la situación.