
Todas las mujeres (y los hombres) llevamos una “mochila” cargada con las vivencias que durante nuestra infancia nos han marcado. Para bien y para mal la relación con nuestros padres condiciona nuestro estilo de crianza, incluso incluso si nos ha hecho cambiar la idea de maternidad / paternidad que teníamos antes de que nacieran nuestros hijos.
Es loable que no queramos repetir los errores que nuestros padres cometieron con nosotros, pero también podemos reproducir todas aquellas cosas que hicieron bien, que es lo mismo que ellos han intentado.
Yo muchas veces me “he permitido” cuestionar los métodos educativos que mi madre utilizaba conmigo y con mis hermanos, pero conozco sus experiencias de cuándo era pequeña y me doy cuenta de que – aunque todo es mejorable – ella se esforzó como yo lo hago en superarse día a día.
No estaríamos aquí sin las personas que llegaron antes… pero no sólo físicamente, también en el plano emocional.









