Aditivos e hiperactividad (y III)

En los artículos anteriores de esta serie analizábamos las publicaciones científicas que intentan establecer una relación entre la ingesta de determinados aditivos por parte de niños hiperactivos o sanos y un recrudecimiento de los síntomas. Hasta los años noventa, los trabajos prácticamente no reproducían esta relación, a pesar de que muchos padres manifestaban que sus hijos hiperactivos empeoraban tras tomar determinados alimentos.
Es en los trabajos publicados este siglo cuando encontramos una clara relación, incluso en niños no diagnosticados como hiperactivos. La diferencia esencial es que, en estos últimos trabajos, los colorantes que se administraban a los niños en la prueba se mezclaban con una conservante, el benzoato. Estos resultados, especialmente los obtenidos por McCann y colaboradores (Lancet 2007; 360, 1560-7), han llevado a algunos médicos a pedir la prohibición de dichos aditivos.


Hace años la gente conservaba los alimentos con humo, sal, vinagre u otras plantas antimicrobianas y todavía no existían los alimentos transgénicos, ni tampoco los aditivos. A medida que la química ha ido avanzando este modo natural de conservación ha ido dando paso a otros, menos naturales, como la inclusión de conservantes, colorantes y aditivos artificiales en nuestros alimentos. Los aditivos son sustancias incluidas en los alimentos para mejorar sus propiedades físicas, darle un sabor diferente, mantenerlo conservado durante mas tiempo, dar color de forma artificial, mejorar su aspecto de presentación y mantener unas propiedades espesantes determinadas.