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Conflictos

Mejor reñir en privado

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riña
Muchas veces nos vemos obligados a reñir a nuestros hijos. Recordarles las normas, avisar de algún sentimiento herido… Los maestros tienen esa tarea más a menudo, tienen más niños a su cargo. Pero tanto padres como maestros olvidamos frecuentemente que las riñas, mejor en privado.

¿No recordamos la vergüenza de recibir riñas delante de los demás compañeros de clase? Tampoco es agradable en medio de la calle, delante de otros niños del parque, ni siquiera en presencia de los hermanos queremos escuchar lo que no hemos hecho bien.

Si hay una situación urgente, podemos dar breves y contundentes indicaciones. Para charlas más extensas, se puede llevar aparte, esperar a casa, sacarlos fuera de clase.

Por eso en cualquier manual de manejo de recursos humanos leerá: “Los elogios, en público; las críticas, en privado”.

Foto | Joana_digital.

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¿Debemos tratar a todos los hijos igual?

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hermanos
Los que tenemos más de un hijo sabemos de las habituales rivalidades que se establecen entre los hermanos. Compiten muy a menudo, tanto el mayor con el pequeño como viceversa. Nosotros, en medio, queremos ser ecuánimes y no provocar más aún los celos, pero es difícil y nos tiene en tensión. ¿Es necesario tratar a todos los hijos por igual?

No me refiero, claro, a si hay que enseñarles las mismas cosas o beneficiar claramente a uno sobre el otro. Es evidente que nuestro interés debe repartirse. Me refiero a si hay que darles a todos lo mismo o aquello que necesitan.

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Gran artículo de Miguel Jara sobre el fracaso escolar

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cole.jpgMe mandaron el enlace de este gran artículo de Miguel de Jara sobre el fracaso escolar. Más allá de hacer un breve resumen sobre lo que ha escrito, prefiero animar a todo el mundo a que lo lea detenidamente y saque sus propias conclusiones. En mi opinión refleja mucho de lo que está pasando hoy en día en las aulas y en los niños en general, sobre todo aquellos niños con un problema de déficit de atención.

Básicamente se centra en denunciar la excesiva medicación a todo aquel niño que no entra dentro de los parámetros estipulados, o que vemos conflictivos, intentando solucionar su “problemática” a base de golpe de fármaco. La medicina así amplia su campo de acción a todo aquel niño que genera situaciones que ni los profesores ni padres saben controlar.

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¡Eso es trampa!

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tramposo.jpg

¿Cuántas veces hemos oido a nuestros peques pronunciar esta frase?. Otras tantas hemos visto como abandonan un juego por este motivo. Sin embargo, cuando la trampa la hacen ellos, la cosa cambia. Y es que, ¿a quién no le gusta ganar?. ¿A quien le gusta perder y menos cuando hemos descubierto una trampa?

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"Con Clara somos seis": libro muy especial para los mayorcitos

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Con Clara somos seis
El libro “Con Clara somos seis” fue escrito por Peter Härtling en 1991 y está editado en España por SM en su colección El Barco de Vapor. Está recomendado a partir de los doce años; mi hijo de diez lo acaba de leer y le ha gustado mucho, pero tiene que reconocer que le ha resultado “raro”.

Trata de una familia con tres hijos que tiene problemas económicos y de pareja, fundamentalmente provocados por el trabajo, y descubre que espera otro miembro más. La narración se describe desde el punto de vista de los hijos mayores, Philipp, de doce años, y Therese, de once. Esto le da una característica especial al relato, puesto que trata problemas de adultos desde el punto de vista infantil. Esto es muy interesante también para los padres: muchas veces no podemos (y otras, no debemos) evitar que nuestros hijos se impregnen de los problemas que tenemos los padres, así que resulta pedagógico para nosotros intentar comprender cómo los ven ellos.

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"¡Mamaaaaaá!" ¡Otra vez nos llaman!

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Grito
Estamos con los hijos varias horas, nos vamos un momento a leer algo, a poner una olla al fuego o al baño y… “¡Mamaaaaaaá!”. Treinta segundos han tardado en llamarnos otra vez. Y no vienen ellos, no, ¡tenemos que ir nosotras! Entonces pensamos que no tenemos vida propia desde que somos madres, que nunca conseguiremos que nuestros hijos tengan la independencia necesaria para no necesitarnos constantemente.

Pero no nos desesperemos: estas dos afirmaciones pueden considerarse desde varios puntos de vista y en todo caso son problemas que tienen solución.

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La difícil última hora del día

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madre e hijos en la cama
¿No es verdad que la última hora del día suele ser la más difícil? Los niños, no sé por qué, se ponen nerviosos, quieren hacer en las tres últimas horas todo lo que no han hecho antes. Sus padres estamos cansados y deseando acabar el día, encontrar un ratito para descansar o dedicarnos a temas de adultos. Pero se hace eterno este final del día, nos irritamos. ¿Qué podemos hacer para no acabar enfadados?

Primero vamos a analizar por qué esa última hora es tan dura. Los chicos tienen ahora unas agendas apretadas, sin tiempo para sí mismos. Lo mismo que decimos sus padres. Por eso quieren aprovechar sus últimos minutos y sin embargo están nerviosos por el cansancio. Nosotros, peor, cansados y de mal humor, queremos terminar rápido. Pensamos pasar un ratito más con ellos, probablemente les hayamos dedicado poco tiempo en todo el día. Pero por otra parte ¡tienen que acostarse! Si no, no dormirán lo suficiente, rendirán poco en el colegio… La cabeza se nos llena de peligros sin fin.

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Cómo manejar la ira

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gritos
Todos hemos leído y comprendido que tenemos que utilizar la empatía, la comprensión y el respeto en nuestro trato con los niños (y con todo el mundo, en realidad). Que hay que derrochar paciencia y nunca perder el control, eso que les pedimos a ellos constantemente. Sí, sabemos bien la teoría de la palabras que hay que decir y las que no. Pero ¡qué difícil es mantener el tipo en mil pruebas que nos ponen nuestros hijos todos los días! Realmente se diría que al final el mayor problema es manejar la ira.

Todos somos padres cariñosos y conscientes hasta que nos enfadamos. Entonces la furia nos suelta la lengua y podemos legar a insultar o amenazar a nuestros pequeños. Pero, ¿cómo vamos a hablar con serenidad si la situación nos saca de quicio? Es mejor no pretenderlo y considerar que es mejor soltar nuestra ira de una forma no lesiva para nadie (incluídos nosotros mismos), más que guardarla hasta que se salga por donde no debe.

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Nunca es tarde para rectificar

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hijos1.jpgEso es lo que siempre defiendo “nunca es tarde para rectificar“, porque aunque muchos padres nos demos cuenta de que no hemos actuado de la manera más correcta ante nuestros hijos, todos somos humanos y cometemos errores, no debemos olvidar que rectificar es de sabios y siempre podremos modificar nuestras conductas respecto a la educación de nuestros hijos.

Digo esto porque me doy cuenta, a diario, que no siempre se hacen bien las cosas y el resultado se ve claramente en el comportamiento de los niños. Cada acción tiene su reacción y lo bueno de esto es que observandoles nos damos cuenta de lo que podemos estar haciendo mal. Lo único que hay que tener es voluntad de cambio, y lo más importante, humildad para reconocer nuestros errores.

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La asignación de papeles

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familia de patos
Parece que cada hijo tiene unas características que lo definen. Es muy corriente que más o menos sin querer adjudiquemos etiquetas o papeles a nuestros hijos: “A Pepe se le dan muy bien los deportes y Roberto es un desordenado”. Puede parecer justo que llamemos a cada uno según su comportamiento, pero esto es peligroso: los niños (y los adultos también) actúan según las expectativas que se tienen de ellos. Si unos padres consideran que su hijo es torpe, no se atreverá a probar nada nuevo; si a otro niño se le llama desordenado, nunca se ocupará de guardar nada porque dará por hecho que lo va a perder.

A veces sólo es necesaria una frase o una mirada para comunicar a los hijos el concepto que los padres tienen de él y adjudicar un papel durante años. Esto condiciona el concepto que el niño tienen de sí mismo, sus sentimientos y su conducta. Es muy difícil para los padres no aludir a la etiqueta constantemente: “¡Si es que eres…!”. Hace falta mucha voluntad para cambiar la tendencia y trazar un plan para liberar al hijo de su papel.

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