
Los niños a partir de los siete años comienzan a adquirir un pensamiento más crítico primero respecto a sus padres, después (y poco a poco) respecto al entorno más inmediato. Aún mantienen el pensamiento concreto, aunque con el paso de los años serán capaces de percibir lo que les rodea de forma abstracta.
A estas edades comienzan a esforzarse por integrarse en su entorno. Lo notaremos cuando modifican su estilo de comunicación para estar en consecuencia con sus amistades, o cuando valoran mucho la compañía de compañeros de la misma edad.










