
Nuestra sociedad ofrece confort y bienestar a los niños pero, a la vez, les proporciona estímulos violentos que son completamente inapropiados para su edad, esto me preocupa, al igual que lo hace la manifestación de conductas violentas entre niños, o las que muchas veces los adultos les imponemos.
Mi desasosiego aumenta cuando leo que según la Asociación Española de Pediatría, el porcentaje de sentencias judiciales relacionadas con actos violentos protagonizados por menores ha aumentado un 10 % en el último año. En la mitad de los casos, el niño o adolescente necesitaría recibir ayuda psiquiátrica, aunque, sin embargo, su detección y diagnóstico quedan limitados por la ausencia de la especialidad de psiquiatría infantil.





A día de hoy sigue existiendo grandes diferencia en la manera de entender la posición de los hijos dentro de la familia. Aunque cada vez somos más los padres que intentamos crear una convivencia basada en el respeto y la empatía, no nos resulta nada fácil seguir manteniendo nuestra línea educativa con invitados en casa o en algunas reuniones sociales.

