
Cuántas veces nos han dicho a los padres que no debemos comparar unos niños con otros, ni siquiera a los hermanos, pues todos son diferentes, con ritmos diferentes y personalidades que tienen muchos puntos de conexión y otros muchos de divergencias.
Y cuántas veces nos hemos sorprendido a nosotros mismos intentando que uno de nuestros hijos se compare con su hermano, hablándole de lo bien que se porta el otro. Hasta de su facilidad para el deporte o su belleza, como si eso fuese responsabilidad del pobre niño.

