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El castigo físico recibido durante la niñez puede aumentar la agresividad y los trastornos mentales

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El castigo físico recibido durante la niñez puede aumentar la agresividad y los trastornos mentales

Mientras que para muchos de nosotros resulta obvio que el castigo físico a los niños, además de resultar humillante, puede dejar señales en su personalidad, todavía hay quien argumenta que las nalgadas o cachetes no se pueden considerar como maltrato.

Al respecto puedo decir que para saber si se considera o no maltrato, además de atenernos a la definición del término, podríamos preguntarles a los receptores de los golpes, puede que su opinión nos sirva de algo. Y también me gustaría dejar claro que aunque sí que se pueden establecer diferencias entre una paliza y un par de tortazos, estas se mueven en el terreno de la moralidad y las consecuencias físicas, no obstante al niño se le hace daño emocional independientemente del grado de violencia, y esto es por lo que se transmite al pegar.

Puesto que en otras ocasiones ya hemos hablado en el blog acerca de este tema, hoy me gustaría acercaros la visión de dos estudios canadienses realizados este año, y de los que puede que ya hayáis oído hablar. Joan Durrant (de la Universidad de Manitoba) y Ron Enson (del Hospital Pediátrico del este de Ontario), afirmaban a principios de año que ‘a largo plazo, el castigo físico se relaciona con graves problemas de salud mental, como adicciones, depresión o ansiedad’.

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Los castigos físicos no sirven para educar y son una vulneración de los derechos infantiles

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Los castigos físicos no sirven para educar y son una vulneración de los derechos infantiles

A veces escucho conversaciones en mi entorno acerca del tema de los cachetes u azotes en los niños, normalmente los comentarios se orientan hacia la necesidad de pegar ocasionalmente a los hijos, justificando este acto en aras a la correcta educación de los más pequeños. También veo pellizcos, estirones de pelo y tortazos, y me pregunto si después estas madres o estos padres sentirán culpabilidad.

Pero en realidad el castigo físico no sirve para el fin que algunos progenitores pretenden porque lejos de conseguir que sus hijos les respeten fomentan el desprecio de éstos hacia el adulto, por otra parte los sentimientos de hostilidad y los deseos de vengarse estarán presentes. Tan arraigado está este asunto en nuestra sociedad que aún hoy en día nos queremos permitir discutir acerca de que una paliza no es conveniente pero un cachete a tiempo sí.

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