
Hoy vengo con una historia tan real como especial, tan bonita como llena de esperanza. Todo comenzó cuando hace unos días una de esas amigas-mamás que tengo desde hace años por la red y sin la que hoy este post no sería posible, por lo que aprovecho para mandarle un fuerte abrazo de agradecimiento, colgó en su muro de Facebook unas fotos de una ardillita que habían encontrado desvalida, muy chiquitina aún y que desde el momento que ví, tengo que confesar me ha robado más de un segundo pensando en como estaría.
En realidad, lo que me ha llevado a compartir la historia, es la evidencia que tiene la magia de un momento tan especial para sus dos hijitas, que desde que tienen la oportunidad de cuidarla, lo hacen como dos verdaderas mamás. Y si no fijáos en esta foto que gracias a mi amiga, tengo la suerte de poder compartir hoy en nuestro blog, ¿no os parece maravilloso? y es que aunque no soy una mujer dada a hacer ninguna apología del biberón, en este caso, no puedo más que decir que además de salvar una vida, estoy segura que esas dos pequeñas alimentan con todo el cariño que puede recibir un ser vivo.







