
Los niños, al igual que nosotros, necesitan en ocasiones desconectar del ritmo frenético que la sociedad les impone para sentirse a solas con ellos mismos o con sus mejores amigos. Cuando se producen estas situaciones los adultos tendemos a intervenir para proponerles mil y una actividades con las que llenar los huecos de un tiempo que “imaginamos” improductivo.
Pero es justo en estos momentos cuando más requieren de un poco de intimidad para compartir confidencias en voz baja, escribir sus secretos en un pequeño cuaderno, acostarse “del revés” en el sofá o esconderse debajo del mantel de la mesa con una linterna en una mano y un cuento en otra.








