
¿Cuántas veces hemos oído estas tres palabras mágicas? Muchas, ¿verdad? Lo cierto es que las causas de que nuestro hijo esté aburrido obedecen a varios factores y no todos dependen de nosotros. Por un lado, está el niño que se aburre porque tiene demasiados juegos y no sabe por dónde empezar a jugar, o bien está tan lleno de regalos que nada le sorprende, todo le aburre. Por otro lado, está el niño acostumbrado a miles de actividades extraescolares que lo mantienen ocupado hasta el anochecer y cuando llega el fin de semana, se aburre. Y por último, están los cambios en los gustos de los niños, que van madurando conforme cumplen años, y si este año lo más es jugar a la peonza, cuando se “pasa de moda” ya no saben qué hacer en sus ratos libres.
Para combatir el aburrimiento, lo ideal sería que los padres jugaran con sus hijos, que inventaran juntos un juego o que hicieran alguna actividad en común como las que ya os hemos propuesto por aquí. Como sabemos que esto no siempre es posible, os recomendamos que les enseñéis a tener su propio criterio y que les dejéis elegir de vez en cuando qué se hace en casa.