
En Francia se está probando una medida experimental y localizada que pretende contener el problema del absentismo escolar. Concretamente se está probando en la periferia parisina, zona conflictiva y consiste en que cada aula podrá repartirse 2.000 euros al término de cada seis semanas si los niveles de asistencia y de rendimiento colectivo se atienen a una cierta normalidad.
El dinero se divide entre los alumnos y se dedica a fines nobles predeterminados, como financiar el carné de conducir, el viaje de fin de curso, el material lectivo suplementario o actividades culturales convenidas por el claustro y el alumnado. Como se puntúa a la clase entera, se espera que los estudiantes cumplidores ‘presionen’ a los vagos y a los ausentes.

