Como vimos en el tema anterior la necesidad de atención psicológica o psiquiátrica llega a ser necesaria en más de un 10 por ciento de los niños españoles. Las causas pueden ser problemas de muy variada índole: desde trastornos metabólicos y enfermedades que influyen en el comportamiento como trastornos específicos de desarrollo cognitivo.
También, como es lógico, los factores externos pueden afectar a los niños tanto o más que a nosotros. Problemas familiares, enfermedades o pérdida de seres queridos, traumas o un ambiente escolar o social incorrecto son causa de sufrimiento y de problemas que necesitan reconducirse.
La agresividad es uno de los temas más preocupantes. Un niño que reacciona con inusitada violencia y rabia puede padecer algún trastorno mental o estar bajo una situación de enorme tensión.
Los niños que son demasiado agresivos con sus hermanos, padres o compañeros tienen un problema. En realidad, la violencia física o emocional es algo que deberíamos enseñar a los niños, con el ejemplo, que nunca son comportamiento adecuados. Pero si se hacen permanentes y peligrosos hay que buscar ayuda.
Quizá lo primero que debemos plantearnos en la naturaleza de nuestras relaciones con ellos. Si, repitiendo las pautas educativas que se usaron con nosotros, aplicamos la violencia física o verbal, el desprecio o el silencio, los castigos con el argumento de que somos adultos y por ello tenemos la autoridad y el derecho a imponernos por la fuerza, no debemos extrañarnos si nuestros hijos copian la pauta y usan la violencia, la burla o la imposición sobre los más débiles.
No es fácil replantearnos la fórmula educativa más adecuada pero todo es muy sencillo una vez se llega a una idea básica: a un niño no se le debe hacer lo que no se le debe hacer a un adulto. Si nuestro hijo es agresivo y nos damos cuenta que estamos transmiténdole este modelo por supuesto podemos cambiar por su bien y en nuestro.
Si es nuestro caso, podemos mejorar la relación familiar con ayuda de un especialista. Si no lo es, entonces con mayor motivo necesitamos entender de donde sale la agresividad de nuestro hijo, especialmente si es explosiva, violenta, y reiterada, y también si se causa daño a si mismo o comete acciones delictivas o cuasidelictivas.

Los modelos de juego violento y las armas, las imágenes televisivas y de los juegos de ordenador que banalizan el dolor y el asesinato pueden estar causando un impacto negativo en el niño. Planteémonos si puede ser el caso.
También puede suceder que tenga un problema real en la escuela, la familia o el ámbito social que incluso desconozcamos y que esté llevándolo a una situación insoportable.
O quizá padece algún trastorno de salud físico o mental que requiere atención psicológica y hasta medicación en algunos casos.
Por eso, ante comportamientos violentos y agresivos, es conveniente consultar con un psicólogo respetuoso que podrá ayudarnos.
Además de la agresividad debemos atender también a si el niño es excesivamente temerario. A partir de cierta edad ya deben ser capaces de valorar los riesgos físicos de sus actor y ser sordos a ellos puede ser causado por algún problema psicológico.
En Peques y más | ¿Necesita mi hijo un psicólogo?, No a los castigos
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