
La anorexia nerviosa es un trastorno alimenticio caracterizado por la privación de comer y por la pérdida excesiva de peso. No significa que la persona que lo padece no sienta hambre, sino que no come voluntariamente. Está asociado a una visión distorsionada de la propia imagen y la asociación de éxito social con un determinado tipo de cuerpo.
La edad más común en la que encontramos este trastorno es la adolescencia, muy vulnerable por sus características, pero también puede darse en niños y niñas de diez o doce años. De hecho el mayor incremento en la incidencia se está observando en varones y niñas prepúberes; en este caso, la negativa a alimentarse correctamente puede dar lugar a una falta de desarrollo corporal. Mucha gente piensa que se trata de un afán exagerado de adelgazar, dejan de comer y se pasan de la raya. Pero en realidad es algo mucho más complejo que una simple moda.
La anorexia nerviosa está asociada a personas con una autoestima muy baja, son tremendamente perfeccionistas, con lo que no se permiten fallos de ninguna clase. Ni siquiera estéticos. Efectivamente, como la moda es estar delgados, ellos siempre se ven gordos, aunque ya hayan llegado a la desnutrición. Y su comportamiento obsesivo no les lleva sólo a pasar hambre, sino a infringirse otros sufrimientos como no dormir o hacer ejercicio excesivo.
Precisamente, el comportamiento destructivo se da más en niños que en adolescentes con este trastorno, lo que lo hace aún más trágico. Evidentemente, esta actitud viene de un problema psicológico desde la infancia, al parecer influenciado por factores genéticos. No se trata, pues, de adolescentes exageradas que quieren estar más delgadas que nadie.
¿Qué recomiendan los pediatras a los padres?
- Estar atentos a no estimular ni exigir que nuestros hijos sigan los estereotipos de la moda. Muchas modelos publicitarias padecen anorexia.
- Comprender que la preocupación por la imagen corporal es casi universal, especialmente en la adolescencia, y enseñar que el deporte y la buena alimentación son la base para desarrollar lo mejor posible el cuerpo (y la mente).
- Dar ejemplo.
- Comentar los casos conocidos y sus problemas.
- Consultar pronto en caso de sospecha, teniendo en cuenta que son personas que encubren su problema. Efectivamente, las peronas con anorexia suelen recortar mucho su vida social y tienen horarios fuera de lo normal. Estas pautas de comportamiento y otras como hablar constantemente de calorías y pesarse compulsivamente pueden ayudar a detectar el problema.
El tratamiento consiste en terapia psicológica familiar, estrictos controles médicos y en ocasiones tratamiento psiquiátrico con medicamentos. Es un tratamiento largo, con buenos resultados a corto plazo, pero muchas recaídas. Dado que el problema de base es la autoestima, lo más importante es la prevención y ahí los padres tenemos un papel fundamental.
Agradezco a Ann Moussey su ayuda para escribir este artículo.
Más información | Zona Pediátrica, Rincón del vago, Revista de Psicología y Educación.
Foto | Bejealousofme.
En Directo al paladar | Imagen de la anorexia.