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Mamá, ya soy mayor, ¡y quiero celebrar mi cumpleaños en los karts!

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Pilotos

Cuando mi hijo de ocho años me anunció muy serio que ya era mayor, y que quería celebrar su cumpleaños invitando a sus amigos a una pista de karts, reconozco que me sobresalté, pues me pareció peligroso.

Admito que no estaba nada puesta en esa modalidad, así que entré en Internet, y en seguida vi que la práctica estaba bastante extendida, y que las empresas que se encargan de gestionar este tipo de negocios lo tenían todo muy bien pensado.

Los karting clubs ponen a disposición de los más pequeños una pista única para ellos, con una longitud de 500 metros y una anchura de 9 metros, donde pueden aprender a conducir pisando el freno y el acelerador, llevando el volante, y calculando las distancias para no chocarse con otros karts, pues no son coches de choque.

Antes de subirse a los karts, el monitor les da una clase cortita con instrucciones muy claras, sobre las normas básicas de seguridad vial, y se las hace repetir para comprobar que todos los niños que van a correr las han entendido bien.

A continuación, les proporcionan una especie de gorrito de ducha que tienen que ponerse debajo de un casco de aspecto parecido a los que se usan para montar en moto. Ya se sabe, en cuestión de piojos, más vale prevenir que curar.

Karts

Seguridad al volante

Luego, el monitor les ayuda a sentarse al volante de sus karts, y les coloca el cinturón de seguridad, para cerciorarse de que van todos bien atados. Cuando sueña la sirena, los niños tienen que empezar a circular. Van saliendo de uno en uno para no tropezarse ni salirse a la cuneta.

El monitor y un ayudante los están vigilando continuamente. Aunque está prohibido que los karts choquen entre sí, resulta inevitable que los pilotos más rápidos acaben alcanzado a los corredores más prudentes, por lo que, de vez en cuando, es normal algún que otro topetazo, sin mayor trascendencia.

En un momento dado, el kart que iba justo detrás del que conducía mi hijo, le dio un golpe por detrás y le sacó de la calzada. El monitor cruzó rápidamente la pista, y no tardó en volverle a poner en posición para que pudiese continuar circulando.

Cuando faltaba una vuelta para que se acabasen los diez minutos reglamentarios, el monitor se puso en el centro de la pista, y les fue avisando, señalando con un dedo, que sólo les quedaba una vuelta. Lo que más me sorprendió fue lo obedientes que fueron todos. Nadie protestó, ni intentó poner en práctica prácticas picarescas.

Al bajarse de los Karts estaban todos emocionados, y un poco cansados porque, por lo visto ,el sujetar fuerte el volante provoca tensión en los brazos y en las manos, pero tenían la mirada brillante, y comentaron que estaban deseando volverse a montar.

Cuando los demás niños no le observaban, me acerqué a mi hijo para preguntarle si se había hecho daño al salirse de la pista. Señaló su rodilla donde empezaba a salirle un pequeño moratón. ¡Menos mal que yo siempre voy con mi “barrita” mágica de Calmatopic stick en el bolso! Se la pasé rápidamente por la rodilla, y luego nos fuimos todos a merendar a la cafetería.

En el menú: dos tandas de diez minutos subidos en los karts, más merienda (sandwich mixto, perrito caliente o hamburguesa) con patatas fritas, frutos secos y un refresco, y una tarde llena de emociones fuertes para nuestros pequeños futuros pilotos.

Más información | Peques Seguros
Fotos | @quidproquoq

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