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Las bicicletas son para el verano: cómo atender las caídas y golpes

2 comentarios

Bicicletas y accidentes

Llega el verano y con él los juegos al aire libre, el correr, el compartir tiempo con otros niños, juegos y el ir en busca de aventura con el método de desplazamiento que los niños prefieren: los patinetes, los patines y las bicicletas.

Son fabulosos, son divertidos, les permite ir rápido y de manera divertida al lugar donde se dirigen pero son a la vez relativamente peligrosos porque son muy amigos de las caídas y los golpes. Quién no recuerda nuestra infancia con las rodillas llenas de heridas y los codos en similar estado. Pues bien, como ahora lo vivimos como padres, vamos a explicar hoy cómo atender las caídas y los golpes que puedan darse nuestros hijos.

Mejor prevenir que curar

Está claro, lo mejor para evitar tener que curar y correr riesgos es prevenir, tanto como podamos. En nuestra infancia no había elementos de seguridad, y si los había eran pocos los niños que los utilizaban, así que por eso íbamos hechos un cromo. Ahora en cambio contamos con elementos como rodilleras, coderas y casco, que seguro que han salvado a más de un niño de la desgracia.

Claro, viene verano, y estos elementos de seguridad pueden dar calor y acabar molestando demasiado. Yo os diría que los uséis en base a la confianza que tenga el niño o niña y sus capacidades. Si está en los primeros coletazos con las ruedas, no hay calor que valga, vale más protegido que a riesgo. Si en cambio ya tiene un dominio considerable, pese a que nadie está a salvo de los accidentes, podemos ser más permisivos en este sentido, teniendo en cuenta sobretodo el espacio en el que se van a mover, pues no es lo mismo ir de excursión a la montaña (entonces sí es mejor usarlo) que dar una vuelta con la bici por las calles del camping que se conocen como la palma de la mano.

Cómo atender las caídas y golpes

Llega tu hijo llorando porque se ha caído y ahí te ves en la tesitura de proporcionar primeros auxilios y valorar por si es necesario acudir a urgencias. Lo primero, tanto si llega como si somos nosotros los que vamos ahí donde el niño se ha caído es prevenir que la cosa no vaya a más (que no haya peligros cercanos que puedan afectar al niño o a nosotros), avisar si consideramos que es necesaria la asistencia de personal cualificado y entonces socorrer, atender al niño.

Bicicletas, caídas y golpes

La mayoría de golpes suelen ser relativamente soportables. Alguna herida, dolor por alguna contusión y poco más, pero eso no quita que pueda haber otros problemas de consideración como fracturas, luxaciones o similar.

En caso de que el niño se haya dado un golpe pero la piel esté íntegra (contusión), se recomienda aplicar hielo envuelto en un paño para que no queme la piel. Así con el frío se disminuye la inflamación. Se puede aplicar también Calmatopic stick, que calma la piel tras una contusión y contribuye a evitar la aparición del hematoma.

Si el golpe es en la cabeza, se recomienda seguir las indicaciones que comentamos hace unos días, para valorar la gravedad y para saber si debemos acudir a urgencias.

Si el golpe se lo ha llevado un brazo o una pierna, debemos valorar cómo reacciona el niño. Si él mismo la mueve podemos estar relativamente tranquilos, porque una fractura suele dar lo que se llama impotencia funcional (incapacidad de mover la extremidad). Si en cambio vemos que no la mueve, que se la sujeta por algún punto concreto, deberemos observar qué hay, pues puede ser una herida abierta, el punto donde hay una fuerte contusión, el sitio donde hay una fractura,…

El caso es que en caso de que dudemos, si creemos que hay algún problema de ligamentos o de los huesos, lo ideal es no mover al niño, pues en caso de fractura los huesos pierden continuidad y estabilidad y moverlos de manera equivocada puede provocar más lesiones.

Si hay heridas o hemorragias

En caso de que haya heridas o hemorragias, debemos valorarlas como explicamos hace unas semanas, con calma y paciencia, limpiando la sangre para ver la gravedad real de la herida y actuando en consecuencia.

Si hay hemorragia hay que controlarla. Se aplican gasas secas sobre la herida y se realiza presión. Si las gasas se manchan de sangre y queremos poner más es importante no retirar las primeras, las que están en contacto con la piel, porque son las que están haciendo un coágulo con la sangre. Si las quitamos podemos llevarnos ese coágulo y favorecer que la herida vuelva a sangrar como al principio.

Bicicletas y heridas

Si la herida, si el sangrado está en una pierna o brazo y no sospechamos fractura podemos elevarla por encima de la altura del corazón (entendiendo que el niño esté tumbado en el suelo). De este modo y junto a la presión se limita la llegada de sangre y la hemorragia disminuye.

Si no logramos detener la hemorragia ni aún así, el niño debe ser trasladado a un centro sanitario. También actuaremos de este modo cuando una herida es más grave de lo habitual, con riesgo de infección si ha caído en zona sucia, si está abierta y necesita puntos, si vemos piedras atrapadas en la piel,…

En caso de que tengamos una herida más leve, una en que la hemorragia pueda controlarse o ya esté controlada, deberemos limpiar la herida con agua y jabón o con suero fisiológico y utilizar un antiséptico. El de elección actualmente es la clorhexidina, como ya comentamos al hablar del botiquín para nuestros niños, porque el yodo puede ser peligroso para los más pequeños.

Fotos | Vladimir Yaitskiy, jrsnchzhrs, Prayitno en Flickr

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Comentarios

  • 1

    Avatar de motorero23 !

    Las bicicletas me dan pánico. Y los patines también. Mis padres, de pequeño, decidieron quitarmelo para evitar caídas. Aunque creo que lo mejor no es prohibir, sino educar, ¿no os parece?

  • Respondiendo a #1:
  • 2

    !

    Probablemente les daban más miedo los demás... es como el conducir. Da más miedo lo mal que puedan conducir los demás que cómo lo haga cada uno.

    O no, quizás es que simplemente nunca les gustaron las ruedas... pero claro, prohibirlo no me parece lógico, porque convivimos con ello y porque se puede hacer con seguridad y responsabilidad, sabiendo que a más velocidad mayor riesgo.