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Estreno camita: medidas de seguridad para que no se caiga

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Seguridad en la camita de los niños

Los niños tienen un sueño profundo, bastante más profundo que el nuestro, y ello hace que les cueste mucho despertarse y que, además, se enteren poco del lugar en el que están. Vamos, que pierden la noción del lugar en el que duermen y en consecuencia corren el riesgo de caerse si están sobre una superficie elevada sin nada que les limite el espacio.

Es por esta razón que los padres dudan mucho de cuándo es el mejor momento para pasar a su hijo a la camita y que, cuando lo hacen, quieran tomar las medidas de seguridad necesarias para evitar que se haga daño. A continuación os explicaremos qué podemos hacer para que no se caigan de su cama, la cama de los mayores.

Cuándo es el mejor momento para cambiarlos a la cama

Antes de entrar a explicar cuáles son las medidas de seguridad recomendadas vamos a hablar un poco de la edad en la que un niño empieza a dormir en su cama, porque en la actualidad es tremendamente variable. Hace unos años la mayoría de bebés dormían en una cuna. Es cierto que había momentos de la noche en que compartían espacio con su madre o con ambos padres, pero el lugar principal, o el oficial, era su cuna.

La cuna tiene fecha de caducidad, que tanto puede ser el momento en que los padres creen que ya puede dormir solo como el momento en que la cuna, simplemente, ya no sirve. La primera de las opciones tiene una fecha más o menos variable, pues hay padres que cambian al niño a su habitación y, aunque aún es relativamente pequeño (digamos poco más de un año) ya le ponen camita, para no andar haciendo cambios de muebles cada dos por tres, con el gasto que ello supone, mientras que la segunda tiene una fecha un poco más fija, hacia los dos años (meses más, meses menos), que es el momento en que el niño es capaz, si quiere, de trepar por la pared de la cuna y tratar de salir, o de lograrlo. Si lo logra de día, no hay problema, si es de noche, medio dormido, cuando lo quiere lograr, el peligro es considerable.

Ahora bien, en la actualidad, no todos los bebés duermen en cunas. Muchos duermen en la cama de sus padres, o en una cuna colecho (que tan solo dura unos meses y que debe sustituirse por una cuna más grande o por la cama de los padres), y en estos casos el momento de abandonar la cama de los padres para pasar a la nueva camita puede variar en años. Hay niños que hacia los 2 años ya se van a sus habitaciones, otros lo hacen a los 3, cuando entienden mejor la separación y otros pueden llegar a pasar más años, como el mío, que se fue a su cama, sin lágrima alguna mediante, cuando tenía 6 años.

Según la edad, el peligro es menor

Claro, si hablamos de medidas de seguridad para un niño de 6 años la respuesta es bastante simple: una barrera por eso de quedarnos todos tranquilos y listo. Si hablamos de un niño de 2 años, la cosa se complica un poco más y puede depender de su modo de dormir. Hay niños que más o menos mantienen la posición en la cama, es decir, se van girando, pero al despertar por la mañana siguen con la cabeza en la misma orientación que al dormir, y hay otros que por la noche hacen auténticas excursiones.

Mi segundo hijo, por ejemplo, ha hecho siempre lo que yo llamo el péndulo. Se despertaba por la noche, por la razón que fuera, y se quedaba en la cama sentado, con los ojos cerrados, en un punto en el que parecía dudar entre despertarse y explicarnos algo o seguir durmiendo. Optando por la segunda opción, en vez de volverse a poner como estaba, dejaba la elección al azar. El sueño iba haciendo que su cabeza buscara la horizontalidad y, una vez las ganas de dormir vencían a sus ganas de mantenerse sentado, dejaba caer su cuerpo en la dirección que la cabeza caía hacia el colchón. Unos días podía ser hacia la derecha, otros hacia la izquierda y otros hacia los pies de la cama. Vamos, que cuando empezaba a hacer el péndulo adivinar la posición en que acabaría era una lotería. De hacerlo sólo una vez en la noche no nos habríamos preocupado demasiado. El problema es que pasadas unas horas lo repetía... y claro, si ya se había quedado al borde de la cama el riesgo era más que evidente.

Médidas de seguridad

Dicho todo esto, las medidas de seguridad para tratar de prevenir que nuestros hijos se hagan daño pasan por evitar que puedan caerse. Para ello son necesarias, e imprescindibles, las barandillas. Venden barandillas de diversos tamaños, colores e incluso de diferente acolchado, ya que unas son una redecilla más o menos fina y otras cuentan con más tela y más acolchado, por si acaso. Interesa, obviamente, que sean hechas de red, por si nuestro hijo pega la cara a ella, (suelen hacer cosas así de raras), para que pueda respirar, e interesa también que el tamaño sea inversamente proporcional a la edad del niño. Cuanto más pequeño, más grande, para que cubra la mayor parte de cama posible.

Seguridad en la camita de los niños 2

La pared es un elemento muy útil también, pero debemos tener cuidado porque la pared es también muy dura y pueden hacerse daño con ella. Es habitual utilizar una esquina de la habitación para cubrir así dos de los lados de la cama, el delantero y un lateral, normalmente. Si nuestro hijo es de los de reptar por la cama hasta llegar arriba de todo, o es de los de cruzarse en la cama, podría hacerse daño con la pared. En tal caso yo siempre he utilizado almohadas grandes compradas para la ocasión (o cojines, aunque entonces son más y es más fácil que se salgan de su lugar) haciendo de barrerita baja. También puede colgarse algún elemento acolchado en la pared, a modo de cabezal, poniendo también en la pared lateral. La tercera opción pasa por separar la cama de las paredes y entonces poner una segunda barandilla, y si lo vemos oportuno, una tercera en el cabezal de la cama. En caso de que nuestro hijo provoque seísmos de baja intensidad en los sismógrafos, o lo que es lo mismo, que se mueva más que los precios, es aconsejable poner una cuarta barandilla en los pies de la cama.

¿Una cuarta barandilla?

Sí, lo sé, conviertes su cama en una cuna y estás en las mismas, que se quiera bajar y se caiga. Estoy de acuerdo, por eso lo he recomendado sólo si el niño es de los que se mueve muchísimo y hay riesgo de caída por los pies de la cama. Este método sería un error también si es de los que se baja para ir al lavabo, para ir a pedir agua, o para mirar a los padres en el silencio y la quietud de la noche, delante de ellos, esperando a que abran los ojos para darles un susto de muerte.

Si sopesando todo ello resulta que es más peligroso poner la cuarta barandilla, lo recomendable sería no ponerla, dar libertad para que pueda caerse, pero poner entonces algún salvavidas, o lo que es lo mismo, algún colchoncito o similar en el suelo para que, si se cae, no se haga demasiado daño (el colchón de la cuna, quizás).

Para que no se bajen

Una manera de lograr que no quieran bajarse, y que por ende no corran riesgos, es minimizar la necesidad de que se quieran bajar. Hay niños que se bajan con ganas de beber agua, pues entonces les dejaremos una botellita de agua para que, cuando quieran, la cojan, beban un poco, la dejen, y sigan durmiendo.

Si cada noche se despiertan para hacernos una visita... bueno, aquí hay que valorar. Si saben bajarse y no corren demasiado riesgo, podemos seguir con la solución escogida. Si cada vez que se bajan se ponen en riesgo porque van demasiado dormidos o no son muy hábiles quizás deberíamos valorar la posibilidad de dejarles que sigan un tiempo más con nosotros en la habitación, que ya habrá tiempo de cambiarles (no, los niños no padecen ningún desorden psicológico ni afectivo, ni tendrán problemas emocionales en el futuro por compartir la habitación con sus padres).

En cualquier caso, sean más o menos hábiles y lo hagan más o menos veces es muy recomendable dotarles de una mínima luz. Mis hijos tienen una en la habitación, que mucha gente llama quitamiedos. Yo no la llamo así, porque si tienen miedo, como digo, duermen con nosotros, o ahora que son más mayores al revés, duermo yo con ellos. Yo la llamo lucecita, y ya está. Una lucecita que se enchufa a la red eléctrica y que se enciende cuando oscurece o cuando simplemente la encendemos, si es que tiene interruptor.

Para acabar, si queremos tener más inputs que sólo el ruido que hacen cuando se mueven, podemos comprar una de esas cámaras con monitor que nos envían la señal y nos permiten ver qué hacen en cada momento. Ahora las hay con bastante buena definición y podemos verles y oírles para acudir en caso de que sea necesario.

¿Y si se caen?

Si al final, a pesar de todo, se hicieran daño, ya que pueden caerse o incluso golpearse con una barandilla o con la misma pared, deberemos valorar el golpe con calma y, si es leve, hacer uso de una barrita de árnica como la de Calmatopic stick, que podemos tener siempre a mano para estos casos. Si ya no es sólo un golpe, sino que además hay una herida, la trataremos tal y como os explicamos en la entrada relacionada con los golpes en la cabeza.

Fotos | Lance Shields, Honza Soukup en Flickr En Peques seguros | Golpes en la cabeza: cómo reaccionar y cuándo preocuparse, Hogar seguro hogar: objetos de seguridad en casa

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