Esta sección y sus contenidos han sido contratados específicamente por la marca que se menciona Volver a Peques y Más.com

qr

concurso

Caídas y golpes: No hay que asustarse. Primero valorar, luego decidir

0 comentarios

Caídas y golpes en niños 1

Los niños, por el simple hecho de ser niños y estar en una etapa de la vida en que la curiosidad puede muchas veces a la razón, suelen sufrir más caídas y golpes que los adultos, que tenemos menos necesidad de andar probando nuestros límites físicos por todas partes.

Es habitual que les veamos caer y golpearse y es habitual que vengan corriendo o llorando porque se han hecho alguna herida y necesitan que calmemos su dolor y les quitemos esa sangre que tanto miedo les da, pero para ello debemos actuar sin asustarnos, controlando los nervios. Valorando primero cuál es el alcance de la lesión y decidiendo después qué podemos hacer.

La sangre, tremendamente escandalosa

No debe haber muchas personas que ignoren la conocida frase que dice que “la sangre es muy escandalosa” y, sin embargo, a la hora de la verdad, los escandalizados suelen ser los padres, que no saben qué hacer (como si hubieran olvidado las heridas que se hicieron en la infancia y que de manera simple curaban nuestros padres).

Un niño se cae, se hace una herida, empieza a sangrar, el rojo empieza a mancharlo todo y los adultos, en vez de mirar de dónde viene la sangre y cómo es la herida se quedan con la mancha y con la falsa sensación de que la lesión es tan grande como la mancha. Cogen al niño, le tapan la herida como buenamente pueden, y corriendo van a pedir ayuda.

Mucha gente acude al médico con heridas tan pequeñas que no hay nada que hacer más allá de limpiarlas y poner un antiséptico, algo que cualquier padre y madre puede hacer. Por eso, ante una herida abierta, una que está sangrando, lo ideal es buscar la herida, el lugar de donde brota la sangre y frenar la hemorragia. Para hacerlo se recomienda el uso de gasas estériles secas (digo secas porque hay quien las moja con agua y jabón o suero), pues de ese modo el coágulo de sangre se crea antes y mejor (la sangre se ubica entre el tejido de la gasa y empieza a crear el coágulo ahí… si hay agua o suero esos huecos ya están llenos y no permiten crear el coágulo bien).

Después de un rato de presión la herida deja de sangrar y entonces podemos mirar qué ha sucedido. A saber, quizás había mucha sangre y la herida es tan pequeña que ni siquiera es necesario ir al médico. Entonces sí la podemos limpiar con agua y jabón y luego poner algún antiséptico como povidona yodada o clorhexidina (últimamente se recomienda más que el yodo, que en niños no es muy recomendable).

Caídas y golpes en niños pequeños: no todos los accidentes producen herida

Lo explicado es para cuando hay sangre, pero ¿qué hacer si no la hay? Pues en esencia lo mismo, mantener la calma, que el niño no va a estar mejor por que lo levantemos más rápido del suelo ni porque gritemos más, valorar qué se ha hecho y actuar en consecuencia.

Caídas y golpes en niños 2

Muchas veces los niños lloran más y se ponen más nerviosos (y le cogen más miedo luego a tratar de seguir explorando solos) cuando ven que nosotros nos alteramos más. Si en cambio nos ven más tranquilos, si ven que manejamos la situación y que no estamos desbordados, confían más en nosotros, se tranquilizan antes y pueden seguir jugando sin miedos a que pueda volver a pasarles algo (hablamos de cosas relativamente leves, claro). Recordad cuando erais pequeños cómo se curaban la mayoría de golpes: un poco de agua, “cura sana, cura sana, si no te curas hoy te curarás mañana” y listo.

Pues como decíamos, en caso de caída o golpe sin que haya herida, atendemos al niño, estamos por él (normalmente lloran y si lo hacen es porque nos necesitan), vemos cuál es la mejor actuación y vamos a ello.

Los golpes suelen producir inflamación de la zona, porque hay alguna lesión interna local que la produce, dejando después el llamado hematoma, más conocido como “morado” o, si es en la cabeza, los famosos chichones.

Entonces nuestra actuación tiene que pasar por hacer algo que evite la inflamación. El hielo es magnífico porque produce vasocontricción. Los vasos se empequeñecen, llega menos líquido a la zona y por lo tanto se inflama menos (y se desinflama). Como no siempre tenemos hielo al alcance, puede utilizarse algún remedio local como las barras de árnica (Calmatopic) y si la inflamación es importante incluso aplicar presión de alguna manera (antiguamente se hacía con una moneda) para no dejar que siga “subiendo”.

Siempre pasa algo

Para acabar quiero hacer hincapié en el “venga, no pasa nada”, que solemos decirles a los niños cuando se hacen daño. Con esta entrada se intenta que los padres y madres traten con cierta calma al niño para poder ver bien cuál es la lesión y para que el niño no se escandalice demasiado por algo que puede no revestir ninguna gravedad.

Caídas y golpes en niños 3

Sin embargo, la idea no es irse al otro extremo, minimizando el daño que les pueda hacer con frases como la mencionada, porque para los niños puede ser importante. A mí como padre siempre me salía el “no ha sido nada”, pero pronto comprendí que mis hijos, al golpearse o caer, lloran de dolor y de miedo y para ellos esos sentimientos son reales y lógicos. Por eso decidí cambiar “no ha sido nada” por “¿te has hecho daño?”, pregunta tras la que dicen sí aún llorando, respuesta tras la que llega nuestra actuación para paliar el daño, que puede ir desde curar y tratar hasta el “cura sana” o acercarnos al suelo, pared o elemento con el que han chocado para escuchar lo que dice. Normalmente explican “aichhh, un niño me ha dado un cabezazo, ¡¡qué daño!!”. Todo depende de la edad del niño, claro, pero cuando añadimos detalles inesperados y cuando no minimizamos su dolor estamos dando valor a sus sentimientos, que son, a su escala, tan válidos como los nuestros (y a nosotros no nos gustaría que nadie minimizara los nuestros).

Fotos | Jonf728, Lindsayshaver, Gemsling en Flickr

+ Deja tu comentario