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Bebés de 7 a 12 meses: Cómo motivar su psicomotricidad

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Estimular la psicomotricidad de 7 a 12 meses

Después de ver hace unos días cómo motivar la psicomotricidad de los niños de 1 a 3 meses y de los niños de 4 a 6 meses seguimos hoy con las edades posteriores, hablando de cómo motivar la psicomotricidad de los niños de 7 a 12 meses.

Como dijéramos en días anteriores, la psicomotricidad de los niños depende de las ganas que tengan ellos de moverse y alcanzar nuevos hitos, de explorar nuevas zonas, lugares y objetos y depende también de que nosotros, como padres, les facilitemos un entorno seguro y adaptado a ellos, para que puedan crecer y desarrollarse correctamente.

La etapa de los 7 a los 12 meses es la época en que parece que nuestros bebés empiezan a dejar de serlo, porque empiezan a utilizar sus manos para algo más que chupárselas y agarrar cosas, porque su curiosidad les lleva a tratar de desplazarse, a tocar una y mil cosas una y mil veces, porque empiezan a entender nuevos conceptos metiendo y sacando cosas de los sitios, empiezan a comunicarse con los demás, etc.

Los diferentes hitos en los diferentes meses

Para saber un poco qué podemos hacer con y por los niños es interesante saber cuáles son los hitos que van consiguiendo la mayoría de niños en los diferentes meses.

  • A partir de los siete meses: Se dan cuenta de que con las manos pueden obtener mucha información de los objetos y superficies y ya no dependen tanto de la boca, por eso cogen las cosas con una mano y se las pasan a la otra como mirándolas desde diferentes puntos de vista. Son capaces también de empezar a hacer pinza con los dedos y, por lo tanto, ser más precisos a la hora de coger cosas más bien pequeñas. Se dan la vuelta como verdaderos expertos y se empiezan a quedar sentados solos, sin soporte detrás. Algunos niños tratan de reptar o desplazarse cuando están boca abajo.
  • A partir de los ocho meses: Van mejorando la pinza inferior que hacen con los dedos, mejoran la estabilidad estando sentados (se caen menos cuando se despistan levantando la mirada) y ponen las manos para frenar la caída si se van para los lados. Algunos niños consiguen ya ir desplazándose reptando por el suelo para llegar a sus objetivos y los más avanzados incluso gatean.
  • De los nueve a los doce meses: Muchos ya gatean, se mantienen sentados perfectamente y se mantienen de pie sujetos a algo. La evolución natural es la de reptar, gatear, llegar a los muebles donde poder asirse, levantarse sujetos a ellos manteniéndose de pie, empezar a caminar cogidos a los muebles y luego empezar a soltarse. A nivel de psicomotricidad fina empiezan a hacer la pinza inferior (la que se usa para coger miguitas de pan) y empiezan a señalar con el índice aquello que les gusta o quieren conseguir.

Ejercicios y juegos que podemos hacer para estimular su psicomotricidad

Estimular la psicomotricidad de 7 a 12 meses 2

Lo primero, y que vale para todas las edades, es volver a poner énfasis en lo importante y positivo que es que pasen tiempo con nosotros. No sólo que nosotros estemos con ellos en el suelo, jugando y haciendo cosas que les gustan, sino también que ellos estén con nosotros, acompañándonos allí donde vamos, al médico, a comprar, a hacer recados, mientras hablamos con la gente, mientras escribimos, hacemos la comida, cortamos algo, etc. El hecho de vernos hacer cosas y el hecho de vernos viviendo la vida les sirve de motivación para querer imitarnos, querer relacionarse con los demás y querer tocar lo que les rodea.

Lo segundo, ya que les encanta, es la música. La música amansa a las fieras, dicen, y en los niños (que no fieras), les ayuda también a centrar la atención en lo que escuchan y lo que hacen. Les encanta que les cantemos, les gusta escuchar las diferentes frecuencias del sonido (graves, agudos) y a través de la música se pueden hacer mil cosas divertidas. A veces incluso se consigue más diciendo algo mediante una canción que diciéndolo hablado.

Y lo tercero, y ya entramos en materia, hablarles, hablarles mucho, contarles historias, lo que hacemos, lo que vamos a hacer, etc., mirándoles a los ojos, del mismo modo que hacemos cuando hablamos con algún adulto, sin poner voz de “cuchi-cuchi” (ya me entendéis, que somos los padres, no los payasos), sin imitar el lenguaje de los bebés y, al menos a mí me gusta más, llamando cada cosa por su nombre. ¿Para qué enseñarles a decir el guá, el miau y el pío si luego tienen que aprender a decir el perro, el gato y el pájaro?
A partir de los siete meses los bebés deben seguir viviendo en el suelo. Allí tendrán los juguetes a su alrededor, unos más cerca y otros más lejos, y ellos tienen que decidir cuál coger y cuál necesitan en cada momento, y tratar de llegar hasta él.

Como interesa que vayan cogiendo también fuerza para el gateo y para ponerse de pie, podemos irles ayudando a coger un poco de fuerza en abdomen y brazos ayudándoles a pasar de tumbados a sentados y de sentados a de pie. Para ello basta con darles las manos cuando están tumbados y tirar un poco hacia nosotros. Normalmente, como les empieza a gustar más estar erguidos que tumbados, ellos mismos echan la cabeza hacia adelante y hacen fuerza abdominal para sentarse. No tenemos más que acompañarles en el proceso para que sean ellos los que hagan el ejercicio. Una vez sentados, tiramos un poco más hasta lograr que estén de pie, momento en que serán bastante felices. Entonces, con un “alehop”, canción o distracción, volvemos a tumbarlos (hay que encontrar algo que les haga olvidar que los estamos volviendo a tumbar… porque no les suele emocionar la idea). Como tampoco hace falta que hagan 100 abdominales, jugamos a ello un rato y si vemos que se nos agobian, pasamos a otra cosa.

Es recomendable que gateen, porque así dominarán el suelo antes de ponerse de pie y no tendrán problemas al caer (sabrán cómo levantarse). Además, el gateo favorece el desarrollo visual y la propiocepción. Digo esto para evitar, en la medida de lo posible, el uso de andadores. Además de ser peligrosos, porque provocan muchos accidentes, un niño que aprende a andar en un andador difícilmente aceptará estar sentado o tumbado en el suelo sin posibilidad de desplazarse y lo más probable es que nos llame y se queje para que, o le pongamos en el andador, donde ya es autónomo, o le acompañemos caminando cogido por las manos. Si llegamos a esto, difícilmente llegará a gatear.

Hacia los ocho meses, cuando ya algunos reptan y empiezan a levantar el culo para gatear podemos ir jugando a ponerles obstáculos. Además de seguir dejando sus juguetes alrededor suyo para que sea él quien los coja, podemos poner almohadones en el suelo o poner nuestras mismas piernas en medio, para que tengan que sortear las dificultades y vayan dominando nuevos gestos y posiciones fuera del seguro llano del suelo.

Si no lo hemos hecho ya, es buen momento para darles trocitos de comida más sólida, ya sea galleta, pan, fruta en láminas o ensaladilla rusa, por poner algunos ejemplos. Obviamos el plato, para que no salga volando, y ponemos los trozos en la mesa. La curiosidad les suele llevar a coger las cosas con las manos, desarrollando así la pinza superior y empezando con la inferior, ya que son las únicas cosas pequeñas que pueden coger que ponen contentos a mamá y papá cuando llegan a la boca.

Estimular la psicomotricidad de 7 a 12 meses 3

Hacia los nueve meses y en adelante, si ya gatean con soltura, podemos jugar un poco con ellos para que vayan yendo a ciertos sitios, para que nos sigan, para que pasen de papá a mamá gateando o jugando al escondite para que sean ellos quienes nos descubran.

Para que vaya estimulando la marcha, podemos hacerles pequeños circuitos donde se puedan ir apoyando, como una hilera de sillas, un banco cerca del sofá o muebles cerca de su zona de juego que le permitan agarrarse y ponerse de pie.

Además, podemos poner algunos juguetes cerca del sofá y encima para que al llegar quieran agarrare y ponerse de pie. Como es cuestión de tiempo que quieran empezar a subirse (aún faltará un poco, pero el día menos pensado nos los encontramos encima), es importante que empecemos a enseñarles cómo bajar. Así sabrán también bajarse de la cama y de donde sea sin tener la tentación de bajar de cabeza.

Es tan simple como ponerlos en la cama o sofá, darles la vuelta e ir haciéndoles resbalar hasta el borde, colgando las piernas, hasta que noten el suelo bajo sus pies, momento en que los soltamos. Como se quedarán alucinados de verse de pie, cuando hace un momento estaban tumbados, podemos repetir la acción tantas veces como queramos. Pronto serán ellos mismos los que gateen hacia atrás dejándose deslizar por el borde hasta llegar al suelo.

A nivel de psicomotricidad fina, es interesante que vayan teniendo juegos que les permitan ir agarrando cosas, metiéndolas en lugares cerrados, abriendo esos lugares para recuperarlas, etc., también juegos de tipo encajes, para meter las diferentes figuras en sus agujeros predeterminados y cosas así.

Cuando ya vayan caminando más, cogidos a paredes y muebles, es recomendable obviar, además del andador, nuestras manos. Muchos padres les dan la mano para que caminen y no pasa nada si se hace alguna vez, pero si se hace demasiado, los niños acaban dependiendo de nuestras manos y dejando de ser autónomos para gatear (prefieren ir de pie) y perdiendo el interés por aprender por sí mismos. Digamos que tardan más en caminar solos porque se acostumbran a nuestro apoyo y no aprenden por sí mismos hasta más adelante.

Fotos | Maximalideal, Roxeteer, Treehouse1977 en Flickr

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Comentarios

  • 1

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    Estupendas recomendaciones. Tengo que hacer un regalo, y me han hablado muy bien de una sillita, con forma de arnes, que se cuelga del marco de las puertas para que los niños se impulsen con sus piernas. Por lo visto, al saltar sin peligro de poderse caer, además de endurecer sus músculos se lo pasan estupendamente. ¿Son tan buenas como parecen o son como los andadores que desaconsejáis?