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Niños de 12 a 18 meses: los primeros pasos y cómo protegerles de los golpes

2 comentarios

Proteger en los primeros pasos

Entre los 12 y los 18 meses la mayoría de niños dan ya sus primeros pasos con todo lo que conlleva. Es un hito en la autonomía de los niños, que ya pueden ir con sus pies allí donde su mente les quiere llevar (hasta entonces debían gatear o pedirnos que les lleváramos), pero es además un riesgo por una razón muy simple: nunca han caminado, y la habilidad de hacerlo está poco entrenada.

Esto hace que sea habitual que pierdan el equilibrio, que en algún momento se caigan y que en alguna ocasión se hagan daño o mucho daño. Como padres tenemos un trabajo que hacer en este sentido, prevenir los golpes, prevenir las caídas y, en caso de que se produzcan, saber cómo actuar.

Cuándo empiezan a andar los niños

Para que tengáis una referencia de cuándo se espera que los niños empiecen a andar, y tomando como fuente la tabla del desarrollo Haizea-Llevant, a los 12 meses de edad el 50% de los niños da cinco pasitos sin ayuda. Esto quiere decir que a los cinco pasos, o unos pocos más, necesitan ya un lugar al que agarrarse. Vendría a ser la época en que sólo caminan distancias cortas entre lugares conocidos, o entre los brazos de mamá y papá, cuando echan unos pocos pasos y luego ya se lanzan a los brazos del otro. A los 13 meses es el 75% el porcentaje de niños que lo hacen, y el 95% lo hará hacia los quince meses y medio.

Si hablamos de la marcha libre, lo que se conoce como la capacidad de caminar sin tener que ir cogiéndose a los muebles continuamente como destino salvador, el 50% de los niños lo hace a los 13 meses, el 75% lo hace a los 14 meses y el 95% de todos ellos caminan solos a los 16 meses.

Es decir, que más o menos todos los niños (quedará alguna excepción) caminan ya cuando tienen 15-16 meses, siendo capaces de moverse por casa a sus anchas.

Cómo protegerles de los golpes

Ya hace unos días os dimos unos cuantos consejos para cuando empiezan a gatear y cuando empiezan a dar sus primeros pasitos. Como hoy hablamos ya de primeros pasos, de su primer caminar, podríamos decir que todos los consejos siguen siendo válidos en esta edad, siendo necesario añadir algunos más.

Protegerles en sus primeros pasos 2

Para recordarlos un poco, os dijimos que debíamos tratar de conseguir que el suelo sea seguro. Ya no hablamos de la posibilidad de poner puzzles de foam y cosas así, sino de simplemente evitar cosas con las que puedan tropezar. Muchas veces mirarán al suelo al andar, pero muchas otras irán caminando con cosas en la mano, o mirándonos a nosotros, que estamos más arriba, y esto hace que dejen de mirar a lo que hay en el suelo. Evitemos alfombras y tengamos la casa recogida para que no se caigan por nuestra culpa.

Os comentamos también que vigilarais con los cables, para que estuvieran recogidos, que protegierais las esquinas de muebles y elementos estructurales de la casa, que evitarais los manteles para que no tiren de ellos, que tuvierais en cuenta que los muebles no pudieran hacer falsas escaleras donde subirse, que asegurarais las ventanas y armarios, para que no vuelquen y que pusierais puertas en caso de tener escaleras.

Pues bien, como caminan más, y como además veréis que enseguida correrán más de lo deseable para su seguridad, debemos añadir protección para las puertas, ya sea con elementos que impidan que se cierren (se suelen poner a lo alto, haciendo a la puerta rebotar), o con topes para la puerta con imán, que hacen que al abrirla del todo sólo pueda cerrarse en caso de hacer fuerza para despegarla del imán.

También deberéis vigilar mucho todo lo que está a su altura, tanto a simple vista como en los armarios, pues son capaces de abrirlos y la curiosidad típica de esta edad les hará coger cosas más o menos pesadas, que pueden y suelen caérseles en los pies y que pueden y suelen romperse.

Hablando de pies, a nivel preventivo, debemos proporcionarles un calzado que les sea cómodo y con el que caminen a gusto. Si aprenden a caminar con zapatillas es posible que sea así como caminen mejor. Si aprenden a caminar en verano, que van mayormente descalzos, es posible que les molesten las zapatillas y sandalias. Si aprenden a caminar en invierno, con botitas, es posible que sea así como van más cómodos. Al menos las primeras semanas, es mejor que sigan con aquello con lo que aprendieron, pues las variaciones les hará caminar diferente y el riesgo de caídas será mayor. Poco a poco, a medida que cojan soltura, podrán caminar con cualquier zapato e incluso descalzos sin problemas.

Además de todo lo comentado entre hoy y la anterior entrada, recordaros que la mejor prevención somos nosotros, estando con ellos, observando qué hacen de cerca para acudir enseguida si vemos que corren peligro e incluso yendo a su lado si aún pierden el equilibrio fácilmente. Poco a poco, a medida que cogen velocidad y estabilidad, a medida que caminan mejor y que saben corregir ellos mismos los mínimos desequilibrios de su cuerpo, el riesgo es menor y podemos ir dejando un poco más de manga ancha (que no quiere decir que los dejemos de vigilar, sino que les dejemos más libertad física).

Los niños no caminan de verdad hasta más adelante

Protegerles en los primeros pasos

Unos párrafos más arriba hemos dicho que la mayoría de niños caminan ya a los 16 meses. Sin embargo, este es el momento en que saben caminar un poco, unos metros, ir hasta donde interese y listo, distancias cortas, cuando la madre o el padre están controlados porque están quietos. Con esto quiero decir que incluso cuando cumplen año y medio o dos años, incluso cuando ya andan bien, son pequeños para ir andando por la calle y a todas partes. Algunos lo aceptan o les gusta, pero muchos otros se cansan enseguida y piden brazos, o el cochecito. Es normal, son aún pequeños, sus piernas muy cortitas, y controlan muy bien, como he dicho, eso de moverse teniendo como referencia a mamá y papá allí donde estén quietos.

Cuando caminamos por la calle la referencia, que somos nosotros, no deja de moverse. Eso les supone un problema porque saben dónde están, saben dónde estarán cuando caminen unos metros, pero no saben dónde estaremos nosotros cuando ellos acaben de recorrer esa distancia. Esto les genera inseguridad, ansiedad, y suelen cansarse tanto de caminar como de ver que no paramos de movernos, dificultando su orientación. Unos brazos o el cochecito para cuando se cansen de hacer cálculos pueden ir muy bien. Nos evitaremos más una discusión y evitaremos que, estando cansados, puedan caerse y hacerse daño.

¿Y si al final se hacen daño?

Es casi inevitable, por más que les vigilemos, por más que pongamos medidas para evitar que se hagan daño habrá momentos en que escaparán de nuestra mirada atenta o harán algo que no esperábamos. Incluso cuando ya caminen perfectamente se despistarán algún día y tropezarán con algo (o con nada). Se caerán, se harán daño, y tendremos que hacer lo que ya hemos ido comentando días atrás: mantener la calma para ver qué se han hecho, calmarles a ellos sin minimizar daños (evitando el "no ha sido nada", "no pasa nada", haciendo uso de preguntas como "¿Te has hecho daño?", "¿Dónde te duele?") y actuar según sea la lesión.

Si se trata de una herida, limpiarla, detener la hemorragia si es que está sangrando, utilizar antiséptico y taparla con un apósito estéril. Si es un golpe, si no hay herida, utilizaremos hielo o bien las barritas de árnica tipo Calmatopic. A todo ello le sumamos un besito y ya tenemos el remedio perfecto.

Fotos | Subewl, Josh Evnin, Dermot O'Halloran

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Comentarios

  • 1

    Avatar de motorero23 !

    Mi teoría es clara: dejarles hacer y que vayan aprendiendo solos, siempre con un poco de atención sobre ellos. Pero lo mejor es la autonomía, ¿no os parece?

  • 2

    Avatar de merkanastu !

    Desde que comienzan a gatear y hasta que logran una marcha segura, es necesario no perder la mirada sobre el niño. Coincido en que debe explorar y experimentar para que logre autonomía, pero también es bueno que sienta la contención y el cuidado, esto ayudará a que gane confianza en sí mismo. En la vía pública soy partidaria de extremar los cuidados, ya que están expuestos a mayores riesgos.