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¡Al agua patos! Seguridad en la piscina

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Con la llegada del buen tiempo se abren las piscinas. Nuestros hijos llevaban días pidiéndonoslo, pero esta primavera recalcitrante, ha hecho que las ganas de zambullirnos en el agua, y de nadar sea más acuciante que nunca.

Los peques adoran el efecto antigravedad que se produce cuando entran en el agua, y también ese suave masaje que les proporciona el agua cuando se mueven. Ellos son muy pequeños, y ni se plantean lo bueno que es para ellos eso de desfogarse a través de sus chapoteos, y lo relajados y felices que se sienten al final de un hermoso día bañándose en la piscina con papá o con mamá. ¡Pero les encanta!

Por eso es tan importante estar atentos. La piscina puede ejercer una atracción fatal en los niños, convirtiéndose en un peligro potencial para ellos. Es bueno familiarizar a los niños con la piscina desde temprana edad, pero los peques que estén cerca de una piscina requieren de una vigilancia constante – aunque sepan nadar. No queremos ser alarmistas ni tremendistas, pero un niño puede ahogarse en menos de 3 minutos, en 20 cm de agua, sin que nadie se percate.

Existen muchas recomendaciones que deberíamos tener muy presentes. La primera de ellas sería proteger debidamente las piscinas, evitando el acceso de los niños a ellas cuando las instalaciones no estén abiertas o no haya llegado todavía el vigilante; y procurar que los más pequeños de la casa vayan siempre acompañados por un adulto.

La mejor manera de evitar accidentes infantiles cuando nuestros hijos juegan o se bañan en las piscinas es la vigilancia activa o supervisión a través del tacto. Lamentablemente, en ocasiones, no podremos evitar que se escurran por correr con los pies mojados, se den un golpe o se caigan al agua, pero es la mejor medida preventiva que existe. Cuando estemos al cargo de niños menores de cinco años, debemos procurar tenerlos siempre al alcance de la mano, ¡literalmente!

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Gestos que salvan

Cuando los peques están aprendiendo a nadar, tienen que acostumbrarse a bañarse en la piscina con manguitos o chalecos de corcho (que no deshinchan ni se pinchan), que permiten libertad de movimientos total para los niños, y aseguran la postura natural del aprendizaje al nadar. Lo mejor es comprobar que estén homologados con el sello de la CE, y comprobar que en su etiquetado vienen las instrucciones de cómo hay que colocarlos, y se vea muy claro el peso que pueden soportar para ser seguros.

A los niños les encanta jugar en la piscina con sus juguetes. Esto no es malo, ni mucho menos, siempre y cuando no molesten a los demás con pistolitas de agua o pelotas hinchables demasiado grandes. La piscina debe mantenerse limpia de juguetes cuando finalice el baño. Un juguete abandonado puede ser una invitación implícita para que un niño, en un despiste de su cuidador, se tire al agua, para “rescatarlo”.

Aunque lo niños nunca quieren salir del agua, al menor indicio de frío, cansancio o malestar debemos sacarlos sin mayores contemplaciones. No es bueno permanecer mucho tiempo en el agua (¡nunca más de 20 minutos!).

Ahora los niños aprenden a nadar muy rápido. Con cuatro o cinco años ya saben tirarse “a bomba”, o lanzarse y aterrizar encima de otros niños. Antes de tirarse de cabeza, tienen que comprobar la profundidad, para evitar lesiones en la cabeza o en la espalda. Y prohibirles terminantemente bucear y manipular las rejillas que cubren los desagües, porque la succión es tan grande que podrían quedarse atrapados en el fondo.

Prinsoltel

Los vigilantes suelen llamarles la atención cuando juegan cerca de zonas resbaladizas, escaleras o rejillas, y les prohiben las carreras, los empujones y los saltos, pero es muy importante que los padres les enseñemos buenas conductas en la piscina. ¡Por su bien y por el de los demás!

Ahora que las piscinas suelen estar climatizadas, vemos a muchos niños que no respetan las dos horas de digestión después de comer. Sin embargo, sigue siendo prudente y aconsejable respetar ese tiempo de digestión. Porque, ya se sabe, ¡lo que no pasa en un año puede pasar en un día!

Seguridad en la piscina: buenas prácticas

Actualmente es obligatorio que en todas las piscinas públicas, y mientras están abiertas, haya un vigilante, un socorrista especialmente entrenado para saber reaccionar en caso de accidente. En el supuesto de tratarse de piscinas en casas particulares, ante un accidente o un ahogamiento de un menor, los adultos deben saber practicar la reanimación cardiopulmonar mientras llegan los servicios de emergencia. Por eso también es muy importante tener a mano los números de teléfono de Emergencias 112, Policía 091, Información Toxicológica 91 562 04 20.

La mejor seguridad es que la piscina disponga de vallas, cubiertas y de alarmas, aunque todo esto no sustituye el buen sentido ni la responsabilidad individual. El objetivo de una valla no es el de sustituir la vigilancia de los padres o la de los cuidadores. Pero también es cierto que todas estas protecciones, aunque no remplazan la vigilancia de un adulto, sí que son un freno para los niños, y evitan que los más pequeños o las mascotas de la casa se puedan caer a la piscina, siempre y cuando estén siempre bien cerradas – aunque sólo nos vayamos a ausentar de forma momentánea.

Para cumplir la normativa, estas vallas tiene que tener 1,22 cm de altura. También hay que verificar que no haya ningún objeto próximo a la valla que pueda incitar o facilitar el que los niños intente escalar la valla, y los cierres deben ser verificados de forma periódica.

Existen sistemas de alarma perimetral que avisan antes de la eventual entrada de un niño en una piscina y, para quienes no dispongan de la vigilancia constante de un socorrista, también existen unas pulseras con cierre de seguridad para los niños, que al contacto con el agua emiten una señal acústica que se recibe en una estación receptora que debe tener siempre muy cerca el cuidador.

Para el invierno, se fabrican cobertores de seguridad deslizantes, que evitan la inmersión accidental de los niños si se cayesen a la piscina. Estas cubiertas resisten un peso máximo de 100 kg.

Según un informe del Ministerio de Sanidad publicado en el 2009, en nuestro país existe un total de 1,1 millones de piscinas. Por eso es tan importante que éstas sean seguras, y que los padres conciencien a sus hijos de los peligros que puedan entrañar. Ninguna de las recomendaciones que aquí os hemos dado garantizan que no se produzcan accidentes infantiles, pero sí que ayudaran a prevenirlos, para disfrutar mejor de las piscinas.

Fotos | Possum Girl 2,
Prinsotel, Abrisud

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