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Hamburguesas

Hoy nos ha sorprendido el análisis de hamburguesas frescas envasadas realizado por la OCU. Se pretendía averiguar cuál es la calidad de la carne, aunque la actuación de la organización ha venido motivado por una alerta producida en Irlanda.

Se ha detectado que dos de las 20 muestras analizadas (de diferentes marcas) contienen carne de caballo, sin que se indique en el etiquetado.

Las hamburguesas son un producto que muchas familias consumen una vez a la semana, y a todos nos gusta decidir qué les damos de comer a los hijos, en base a la información que el productor ofrece.

Según la OCU se está cometiendo un claro fraude al consumidor y se están vendiendo hamburguesas en cuyas etiquetas no se indican sus ingredientes reales. La carne de caballo no es un problema de seguridad alimentaria, sino un engaño al consumidor, que cree comprar carne de vacuno y solo de vacuno.

Hamburguesa

Hamburguesas: no sólo carne picada

Respecto a la calidad general, la carne picada, componente de las hamburguesas, es un producto muy perecedero que, aun estando refrigerado, debe consumirse en un solo día. Por eso la gran mayoría de las hamburguesas frescas envasadas llevan conservantes que alargan su vida.

Además, la norma permite que los preparados de carne, otra versión de hamburguesa, lleven aditivos como antioxidantes, colorantes o potenciadores del sabor. Estos últimos, pese a ser inocuos, pueden enmascarar la falta de calidad de la carne

Se ha detectado que 16 de las 20 hamburguesas analizadas también llevan sulfitos, un aditivo cuya utilidad es inhibir el crecimiento de bacterias y mantener el color original de la carne. Para añadir los sulfitos, los fabricantes utilizan un truco legal: llamar burguer meat a su hamburguesa.

Esto no tendría importancia si no fuera porque los sulfitos no son inocuos en cantidades altas. Pueden ocasionar vómitos, dolores abdominales y, en personas con alergia, dolores de cabeza y náuseas. Alguna de las hamburguesas analizada lleva el 90% de la Ingesta Diaria Admisible (IDA) de sulfitos para un niño. Esto significa que no se deberían tomar más sulfitos a lo largo de ese día (ni tan siquiera añadir kétchup o mostaza a esa hamburguesa).

Comiendo hamburguesa

Tras analizar la grasa, el aporte calórico y la sal, se llega a la conclusión que la mayoría de hamburguesas supera con creces el contenido de grasa de una pieza de carne vacuno. Algunos productos llegan a un 23% y un 25%, porcentajes claramente excesivos, puesto que a mayor contenido graso, menor contenido proteínico.

Alimento de poca calidad y precio elevado

Las hamburguesas son, en general, de poca calidad, pero tienen un precio elevado. A juicio de la OCU solo aprueban 5 de las marcas analizadas: dos con excelente calidad y otras tres con una calidad aceptable.

La OCU se ha dirigido a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), al Ministerio de Agricultura y a las Comunidades Autónomas exigiendo una explicación y una investigación que aclare cómo ha llegado la carne de caballo a unas hamburguesas que no lo mencionan en su etiquetado.

A mí me preocupa más la presencia de sulfitos que el hecho de que se haya añadido carne de caballo sin informar a los consumidores. Aunque la verdad es que en casa (y precisamente para evitar aditivos y otras sorpresas) no tomamos hamburguesas a no ser que el carnicero pique la carne delante de mí, después es cuestión de darle forma. Siempre hay excepciones, claro, y se admiten tanto en casa cuando al cenar en algún restaurante de comida rápida.

Imágenes | Neil T, Marshall Astor – Food Fetishist, slava
Más información | Informe OCU
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