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Comiendo mucho

En nuestro Especial sobre Alimentación Infantil, vamos a hablar hoy de esos niños que ‘comen demasiado’, y ofreceremos consejos a los padres que estén preocupados por este hecho. Sé que a muchos papás y mamás de niños que (aparentemente) comen mal o ‘poco’, les podría parecer trivial cuando un pequeño ingiere alimentos indiscriminadamente, al fin y al cabo ellos querrían que sus pequeños comieran más.

Sin embargo obtener un aporte energético excesivo mediante la comida, puede llevar a un exceso de peso, y este – a su vez- a la obesidad infantil, una de las problemáticas sanitarias más preocupantes en las sociedades actuales.

Y este es el momento en el que los progenitores debemos asumir decididamente nuestro papel educativo en la transmisión de hábitos saludables, porque nuestro rol es privilegiado de cara a evitar que el sedentarismo y mala alimentación se sigan asienten en generaciones futuras.

Aunque parezca extraño (porque resultaría más habitual en adultos), hay niños que desarrollan conductas en las que comen sin control aparente, como si eso aliviara determinadas emociones negativas. Estos y todos los que no cuidan en absoluto (obviamente porque alguien no les ayuda a hacerlo) su alimentación, son el objeto de nuestra atención en este artículo.

Podemos empezar reconociendo (porque esto ya no es un secreto) que muchos de nosotros (niños y adultos) comemos más de lo que nuestro organismo necesita, es decir estamos aportándonos demasiada energía. Y hay algo realmente importante en lo que sería importante que pensáramos: ‘el que nos indica la satisfacción’ debe ser nuestro cuerpo y no nuestros ojos. La industria alimentaria se encarga de ofrecernos alimentos atractivos que nos llegan por la vista y saboreamos con el paladar, pero ¿dónde está nuestro criterio para decidir?

Vamos a reconocer las situaciones evitables que pueden favorecer que los niños coman demasiado:

  • Realizar las comidas mientras se hacen otras cosas que no son compartir y hablar en familia (ver la televisión, jugar con la video consola, hablar por teléfono). Esto puede provocar que nos pasen desapercibidas las señales que indicarían que ‘no necesitamos más’.
  • Incluir snacks, refrescos y golosinas en las celebraciones familiares.
  • Ofrecer refrescos o zumos para combatir la sed (en realidad no cumplen ese objetivo, y además son muy calóricos).
  • Convertir repetidamente el postre en una ocasión para tomar un pedazo de pastel o un postre lácteo (en lugar de fruta).
  • Dejar que la presencia de envasados dulces o salados sea desigual respecto a la de verduras y frutas (inclinándose la balanza hacia los primeros)

¿Podemos saber si nuestros niños comen por ansiedad?

Definitivamente si, o al menos existirían unos signos para que observemos y decidamos cambiar hábitos:

  • Ingieren alimentos rápidamente y no paran aunque parezca que estén llenos
  • Las cantidades son inapropiadas para su edad (demasiado grandes)
  • Se muestran obsesionados con la comida: “incluso cuando están finalizando el plato piensan ya en la merienda”.
  • Comen impulsivamente
Cuando decidimos ‘regular’ la alimentación de los niños con sobrepeso para que estén más saludables, no lo hacemos pensando en el peso (que será determinante para que se sientan bien), sino sobre todo porque el sobrepeso y la obesidad agravan u originan otras enfermedades

Algunos trucos prácticos para aplicar en el hogar:

  • Procurar que en la nevera y la despensa hayan muchos productos saludables, que los niños se acostumbren a observar que ‘en su casa’ se preocupan por la alimentación.
  • No restringir tajantemente los alimentos altos en calorías, pero ofrecer o permitir el acceso moderadamente.
  • Reducir la frecuencia de la cantidad de dulces, snacks y bebidas azucaradas que se compran.
Los padres somos un ejemplo y un modelo a seguir, ellos ‘harán lo que vean hacer’ en casa, por lo menos hasta la adolescencia

Y por último os queremos contar (de nuevo) ¿en qué consiste una alimentación saludable y equilibrada?

  • Se intenta que los lácteos sean bajos en grasas, y no se abusa de su consumo. Como postre son preferibles siempre las frutas.
  • Se reducen las grasas saturadas y se retira la grasa de la carne antes de cocinarla.
  • Se modera el aporte de proteínas de origen animal.
  • Se basa la cocina en preparación de platos con legumbres, cereales y verduras.
  • Se eliminan las golosinas, snacks o dulces de la cotidianidad, y se dejan para ocasiones muy especiales.

También me gustaría aclarar antes de acabar que todos tenemos reguladores internos que nos permiten reconocer cuándo estamos saciados. En casos de niños que comen por ansiedad, o cuando simplemente comen demasiado, debemos ayudarles a reconocer cuándo es suficiente. Podemos preguntarles cómo se sienten si han comido mucho y cómo cuándo no llegan a llenarse, podemos prestarles apoyo para interpretar las señales que el cuerpo envía, y para identificar las consecuencias (inmediatas y futuras) de ‘comer mucho’: dolor de barriga, sobrepeso, etc

Así mismo les ayudaremos cuando animemos a practicar algún deporte o actividad física, para combatir el sedentarismo.

Imagen | nerdcoregirl en Flickr
En Peques y Más | Especial Alimentación Infantil, Obesidad Infantil

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