
Podemos establecer un símil entre las llamadas comidas basura y comidas rápidas. Aunque podríamos también establecer ciertas diferencias.
Pero, ¿por qué nuestros hijos sienten pasión por ellas? La respuesta puede ser por su sabor, por el entorno en que la toman, por el juguete que trae de regalo. No hay por qué eliminarla de la dieta, pero sí conviene saber cómo y cuándo saborearla.
Cuando se analizan las materias primas de estas comidas, en la mayoría de las ocasiones sus ingredientes son de buena calidad. El problema viene de la proporción de nutrientes o el método de preparación. Es por esto que algunos prefieren llamarle comidas rápidas. Llamamos así a las comidas que se realizan fuera de casa, en restaurantes donde se consigue una preparación en un tiempo muy corto. En general, son comidas de alto contenido proteico y, sobre todo, ricas en grasas.
Como decía anteriormente no hay por qué eliminarlas de la dieta, pero su consumo excesivo contribuye a la obesidad, puede causar desequilibrios en la dieta del niño, produciendo acúmulo de algunos nutrientes y carencia de otros; el exceso de sal puede contribuir al desarrollo de hipertensión arterial en personas con cierta predisposición.
El problema llega cuando pretendemos explicarles a nuestros hijos el porqué de la inconveniencia de esta comida.
En primer lugar, deberíamos predicar con el ejemplo; es importante también que los niños se den cuenta de que no les estamos prohibiendo, sino limitando su consumo.
Cuando asistamos con nuestros hijos a uno de estos restaurantes, es bueno aprovechar para que elijan otras alternativas; es decir, hamburguesa y ensalada (en lugar de patatas fritas), pizza y postre de frutas (en lugar de helado)...
Foto | xurde
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