
En abril, Paloma M. nos escribió un artÃculo sobre los conservantes y otros aditivos. Ahora quiero hacer, en un serie de artÃculos, una recopilación bibliográfica sobre la relación entre algunos aditivos alimentarios y la hiperactividad en niños. Este análisis de lo publicado al respecto me ha llevado a unas reflexiones que me parecen importantes.
En los años 70, Feingold formuló la hipótesis de que algunos aditivos empeoraban los sÃntomas en niños diagnosticados como hiperactivos e incluso elaboró una dieta que él proponÃa como eficaz para el tratamiento de los niños afectados por hiperactividad. Desde entonces se publicaron muchos trabajos cientÃficos en diferentes revistas que intentaban relacionar esos dos elementos. Estos trabajos consisten esencialmente en estudiar el efecto de determinados aditivos que se daban a una serie de niños con hiperactividad, con dosis determinadas y con controles adecuados tratados con placebos, es decir, que un grupo de niños tomaba algo que no contenÃa los aditivos como control negativo, pero sin saberlo. Sólo algunos trabajos incluyen niños sin hiperactividad. La forma de recopilación de datos sobre el comportamiento de los niños era habitualmente la observación de los padres y, a veces, de los profesores.
Curiosamente, muchos trabajos comienzan a partir de una observación de los padres: estos indican que sus hijos, diagnosticados de hiperactividad, aumentan su estado nervioso y descontrolado al ingerir alguna golosina o refresco. Los investigadores diseñan un estudio y les administran a esos niños algunos colorantes, a veces uno solo, de forma controlada y se recopilan los resultados.
Lo más habitual en estos trabajos, desde los años setenta hasta los noventa, y hablo de más de veinte, es que no se repita la relación observada por los padres entre la ingesta de los aditivos y los sÃntomas de hiperactividad. Hay algunas excepciones: tres publicaciones que sugieren que sà hay empeoramiento de los sÃntomas y otros tres en los que se obtienen resultados positivos en algunos de los niños estudiados.
En los trabajos se excluÃan los niños alérgicos a los aditivos, puesto que en estos casos el nerviosismo de los niños podÃa deberse a una reacción alérgica como el prurito o el asma. Lo que andaban buscando los investigadores era un efecto directo de los aditivos en el sistema nervioso, no indirecto a través de una reacción inmunológica.
Estos resultados desacreditaron la tan discutida relación entre los aditivos y la hiperactividad. Pero los padres han seguido teniendo la impresión de que sus observaciones no están erradas, ¿por qué? La respuesta está en los trabajos realizados en el nuevo siglo, que nos han dado una sorpresa y han vuelto a levantar la sospecha sobre determinados aditivos. Lo veremos en el próximo artÃculo.
Más información | Feingold, Pediatric Annals, British Medicine Journal.
Foto | The Caze
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