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Creo que la mayorÃa de nosotros estaremos de acuerdo en que hay un antes y un después en las Navidades de cualquier persona cuando se convierte en padre y es de esto de lo que me gustarÃa hablaros en esta entrada ya que en estos dÃas previos a estas fiestas tan señaladas, mientras preparamos con tanta ilusión el árbol de Navidad y el Belén nos embarga una emoción muy especial que solamente los padres conocemos.
Recuerdo que antes de tener hijos la Navidad en casa se limitaba a las cenas de empresa, comidas familiares y regalos. La fiestas eran algo lúdico y basado en el disfrute propio. Después de ser padres aunque nos siga gustando echar unas risas en compañÃa de los que queremos, el sentido de las fiestas y de la Navidad adquiere un sentido mucho más especial y intenso.
Cosas tan sencillas como animarnos a decorar la casa con motivos navideños, montar el árbol de Navidad o el Belén ya hemos explicado en peques y más lo especial que se vive en compañÃa de los niños. Y incluso algunos de nosotros nos lanzamos con manualidades navideñas para los pequeños o actividades diarias fijadas en nuestros particulares calendarios de adviento. Porque aunque si hace unos años nos hubieran preguntado que era un calendario de adviento no hubiésemos sabido qué contestar, ahora hasta nos atrevemos a fabricar los nuestros.
Por ejemplo en casa nunca nos habÃa gustado el tema de los simbolismos y tradiciones del otro lado del charco y nos limitábamos a pedir nuestros regalitos a los Reyes Magos que venÃan de Oriente y sin embargo ahora estamos en primera fila en la cabalgata del mismÃsimo “Santa” o más conocido Papá Noel quien en agradecimiento a nuestra incondicional visita nos tiene algún detallito el 25 bien tempranito cuando nuestro pequeño pega un buen brinco desde la cama para observar boquiabierto lo que aquel hombre de rojo y blanco le dejó en nuestro salón.
El fin de año se vive lleno de emoción al lado de nuestros hijos. Preparar las uvas, esperar que lleguen las campanadas, explicarles que no se las coman en los cuartos y por un dÃa trasnochar un poquito más de lo permitido. Eso sin contar de la emoción que sentimos al darles el primer beso del año y sentirnos afortunados por ver como se nos hacen un poquito más mayores cada vez.
Y después de todas las actividades programadas, las manualidades realizadas, los villancicos cantados, de aprender a querer a Papá Noel, de enviar todos los Christmas navideños a la familia para que vean lo mayores y guapos que están los niños y de vivir la última de noche del año tan especialmente gracias a nuestros pequeños, solamente nos queda vivir la noche más mágica para nuestros hijos.
Vivir como lo hicimos hace muchos años esa noche, en la que emocionados salimos de la mano de nuestros niños a esperar que pasen las tres carrozas de los Reyes Magos de Oriente con sus pajes reales a quien entregar la carta que con tanto cariño, amor y dedicación han escrito nuestros pequeños. Esos Reyes que como solemos decir vienen con kilos y más kilos de ilusión para tantos niños y de emoción para unos padres que no podemos contener la alegrÃa de ver esos ojitos rebosantes de expectación y esperanza al paso de aquellas tres esperadas figuras.
Y después de tantos dÃas de una desbordante intensidad emocional, todo culminará con un tÃpico madrugón de dÃa de Reyes en el que no serán necesarios despertadores, ni llamadas insistentes para el desayuno, ni aperturas inesperadas de persianas para que nuestros niños se pongan en pie, porque ya llevarán demasiado tiempo esperando el momento en el que comprobar si aquel juguete que aguardaban y tanto deseaban se hace realidad por fin en sus manos. Y nosotros una vez más seremos felices si ellos lo son, porque al fin y al cabo eso es ser padre.
Imagen| Stewartde
Comentarios
En 28 años nunca me habÃa perdido ni una cabalgata de Reyes Magos, aún sin hijos ni niños pequeños en la familia... Mis padres se encargaron bien de transmitirme la ilusión por la Navidad... y es cierto que poquito a poquito iba disminuyendo conforme pasaban los años. Y al tener hijos, la ilusión ha pegado un subidón impresionante... ahora espero transmitirles a mis peques lo mismo que mis padres me transmitieron a mÃ.
Tienes toda la razón camaleona, aprendemos lo que nos enseñan nuestros papás. Mi madre siempre nos ha transmitido estas tradiciones desbordando ilusión y aunque siempre lo hemos celebrado, seguro que compartes conmigo la idea que quiere dar el post cuando hablo de una intensidad, emotividad y emoción diferente cuando tenemos nuestros hijos.
Y es que cuando les vemos tan rebosantes de inquietud, alegrÃa y felicidad nos transmiten ese sentimiento multiplicado por mil.
Espero que disfrutes muy intensamente estos dÃas con tus niños.
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