
Mis hijos vienen a comer a casa los días de colegio y varias veces nos despistamos a la hora de volver y teníamos que ir corriendo. La solución que se me ocurrió no podía ser más sencilla: ponerles un despertador.
Como el tiempo de que disponen a la hora de comer no es mucho, me costaba por un lado darme cuenta de la hora que era y por otro despegarles de lo que estuviesen haciendo para volver a las clases de la tarde. Además, como era yo la que les recordaba la hora, ellos consideraban que no era su responsabilidad sino la mía el llegar en hora.
Coloqué cerca de ellos un despertador a la hora a la que deben salir para el colegio, ni antes, pues entonces se relajarían aunque lo oyeran, ni después para que puedan arreglar algún pequeño accidente de última hora. Y se arreglaron todos los problemas: ellos lo oyen, así que no tengo que recordar nada y la responsabilidad se hace suya y ya saben que tienen el tiempo justo para dejar lo que estén haciendo y salir de casa.
¡Ha sido estupendo! A veces la solución es tan sencilla que no la vemos.
Foto | Inocuo.
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