“Yo lo que quiero es quedarme aquí porque las sombras de los pájaros me parecen pterodáctilos volando”.... Con esta frase me vino a decir hace unos días uno de mis hijos, que no le apetecía el plan de hacer una pequeña excursión después del cole, así que en esa ocasión nos quedamos a mitad de camino, observando una planicie polvorienta rodeada de árboles y de campos de cultivo, sobre la que sobrevolaban los gorriones y las golondrinas.
Previamente me había manifestado su desacuerdo con la actividad que yo había programado, pero soy tan tozuda como él (o quizás mejor el pequeño se parece a mí en esto) y no me doy fácilmente por vencida. Mi idea se me antojaba genial, tan sólo tendríamos que caminar 30 minutos y estaríamos en un paraje precioso, una vez allí podríamos jugar. No había contado con ellos, claro.
La divertida ocurrencia de mi hijo me procovó una reflexión sobre cómo organizamos nuestro ocio, el de nuestros hijos. Me hago la idea de que la mayoría de nosotros les preguntamos cuando intentamos planificar las variadas actividades . También es verdad que deberíamos pararnos a pensar si nuestros hijos necesitan menos clases extraescolares y más amigos y tiempo para ellos.
Claro que el tiempo de ocio es de todos, y no sería justo hacer mayoritariamente lo que quieren ellos o lo que deseamos nosotros, pero ¿tenemos en cuenta que nuestros hijos tienen derecho a “aburrirse?, ¿que puede que sea suficiente las horas que pasan en la escuela, un tiempo en el que mayoritariamente son dirigidos por adultos?. Deberíamos observar que no siempre es necesario programar “al detalle” cada minuto de nuestro tiempo libre, y tampoco tener altas expectativas sobre lo bien que nos lo vamos a pasar, mejor dejar que las cosas discurran.
Si aprendemos a aburrirnos con nuestros hijos, disfrutaremos un poco más de la vida, porque iremos sin prisas, veremos los pterodáctilos volar, y las nubes cambiar de forma, tendremos más tiempo para pensar y para abrazar. Ésto nos permitirá sentir el viento en las mejillas y sorprendernos al descubrir que también existen mariquitas de 21 puntos. Y sobre todo, disfrutaremos de la libertad que da no tener que mirar el reloj para llegar en punto a ningún sitio.
A veces intento refrenarme cuando me ilusiono por llevarlos a talleres, actuaciones,... hay ofertas tan estupendas de ocio que, sin quererlo y movidos por la emoción, nos convertimos en ávidos consumidores de actividades, y no siempre es ésto lo que nos va bien a todos. Los niños tienen sus propios ritmos y- en ocasiones-, lo más sencillo les hace disfrutar muchísimo.
Y es que, “aburrirse” no significa lo mismo para ellos que para nosotros, los espacios individuales o familiares provechosos no siempre pasan por controlar el tiempo, a veces es mucho mejor la espontaneidad.
Imagen | puravida.
En Peques y Más | ¿Dónde se meten los niños?

Comentarios
Que entrada más bonita Macarena. Creo que muchos papás y mamás (entre los que me incluyo)necesitamos más tiempo de aburrimiento. Y si es con nuestros hijos e hijas mucho mejor. En un mundo en el que el reloj y las actividades marcan la pauta debemos concienciarnos que a veces no hacer nada, es hacer mucho.
Besitos,
Miriam
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