
Despertar a los niños por la mañana, conseguir que se vistan y aseen, que se tomen el desayuno y salgan para el colegio se convierte con frecuencia en una auténtica batalla campal. Las prisas y el sueño por madrugar hacen saltar chispas ante cualquier contratiempo.Por suerte, hay algunos trucos que pueden evitarlo:
- Dejar mochilas, ropa y almuerzo preparados el día anterior. Un zapato que no aparece, un libro que no está en su sitio o un almuerzo que no es del gusto del niño resultan mucho menos dramáticos antes de acostarse que recién levantado. Si además usted convive con una “fashion-victim” preadolescente, cómo es mi caso, hace falta mucho tiempo para decidir que conjunto querrá ponerse al día siguiente, e incluso escoger el peinado.
- Dormir lo suficiente. No descansar bien puede hacer que nos levantemos de peor humor y con menos paciencia de la que sería deseable para encarar el ritmo de la mañana. Entre los seis y los doce año los niños necesitan dormir entre ocho y diez horas al día, por lo que no conviene que trasnochen más de la cuenta.
- Levantarse con tiempo. No podemos pretender que recién levantados sean capaces de hacer las cosas deprisa, así que lo lógico es dejarles tiempo suficiente para hacer las cosas a su ritmo y sin prisas. El tiempo necesario para que un niño esté listo para salir de casa depende de la personalidad y carácter de cada uno, para calcularlo lo más fácil es cronometrar cuánto tarda en hacerlo un fin de semana. Dejar la ropa para el final nos ahorrará más de un disgusto de última hora.
También he descubierto que necesito levantarme un cuarto de hora antes que mis hijas, para tener tiempo de tomarme un café con tranquilidad y espabilarme antes de “meterme en faena”, así reacciono mejor ante cualquier incidente matutino.
Foto | D Sharon Pruitt
Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect