Ultimamente el salir de compras con mi hijo se está volviendo bastante complicado. Si vamos solo a la tienda de alimentación siempre busca algo para que le compre, evidentemente las casas lo saben y disfrazan sus productos con “trajes” llamativos para el público infantil, por no hablar de los regalitos que la mayoría aportan. Así que te pasas todo el rato recordándole lo poco que le gustaron esos cereales, que al final nos tocó a nosotros comerlos, o de lo poco sanas que son esas galletas, que por cierto tampoco le gustaron el día que también las compramos.
Ya no hablo si vamos a una gran superficie, en la que los alimentos, ropa, libros, juegos y juguetes comparten espacio. Es como para volverse loco, y no digamos los niños. Mi hijo cada vez lo lleva peor, siempre quiere llevarse algo. El caso es comprar, sea lo que sea.
Hace unos días estuvimos en un mercadillo, junto con unos amigos, y me quedé helada al comprobar que efectivamente mi hijo se estaba volviendo un pequeño adicto a las compras. Tenía que comprarse algo, fuese lo que fuese, porque yo me había comprado un bolso y él no tenía nada. Si bien es cierto que admite que no se compre algo cuando el precio nos parece excesivo, también insiste en buscar algo baratito para llevarse.
Y es que se están criando en una sociedad excesivamente consumista, casi cualquier paso que des lleva impreso la palabra comprar o pagar, con lo que les es complicado pensar de otra manera. Mi hijo me llegó a preguntar cuanto costaba comprar un hermanito. Además nos rodea todo un mundo de productos pensados, decorados y preparados para que nos entren por los ojos, y los niños son los más influenciables. Es cierto lo que me decía la madre de estos amigos, ¿qué pretendemos cuando les metemos en todo un foco del comercio?, es difícil que un adulto no “pique”, ¿cómo pretender que un niño se retenga?
En casa intentamos no llevarle de compras, aprovecho cuando está en el colegio para hacerlo, pero no podemos escondernos de una realidad, puesto que siempre nos encontramos en la situación de tener que acudir a algún sitio con él. Es ahí donde te das cuenta de la realidad, pero no solo la de él, en general los niños están demasiado obsesionados con el consumo. Oir llantos en el super es de lo más habitual, o enfados en los más mayores porque no les compran lo que quieren. En el fondo no carecen de razón, puesto que es ponerles el caramelo en la boca y retirárselo de golpe.
Personalmente opino que no hay que comprarles algo cada vez que se sale de compras, pero si tienen derecho a enfadarse y mostrarse disgustados al no conseguir lo que quieren, debemos entenderles y ayudarles a manejar la decepción que les produce el irse de vacío. Es una enseñanza más de la vida.
Un truco podría ser el preparar una lista de compra conjunta, llegar todos al acuerdo de que no se comprará nada que no aparezca en dicha lista, ni para ellos ni para nosotros, explicarles donde iremos y lo que hay en ese comercio, que podremos verlo todo siempre y cuando respetemos la lista. De no ser así, iremos directos a la zona que nos interesa y evitaremos pasar por los lineales más “conflictivos”. De nada sirve todo esto si a la mínima nosotros nos saltamos las “reglas pactadas” porque algún producto fuera de la lista nos haya llamado la atención. No olvidemos que nosotros también somos víctimas del consumismo, si queremos enseñar buen criterio a nuestros hijos, como siempre digo, empecemos por nosotros.
En Peques y más | Aprendiendo a ahorrar, Menudo genio tiene
Imagen | xumet
Comentarios
Es totalmente cierto, los míos también sienten que deben comprar, aunque no les guste nada especialmente. Y eso que ni su padre ni yo somos muy compradores. Lo de la lista pactada me gusta, lo voy a poner en práctica ahora, puesto que empiezan sus vacaciones y tendremos que hacer la compra juntos. Muchas gracias por este artículo.
Me parece muy buena idea lo de la lista pactada, aunque creo que hasta que no se haga un par de veces no va a ser realmente efectivo (sobre todo por lo que comentas de que somos los padres los primeros que corremos el riesgo de saltárnosla).
Voy a hacer la prueba, a ver qué tal, ¡ya os contaré!
Como todo en esta vida, los comienzos son algo difíciles ;D, pero con un poco de empeño se puede conseguir todo. Es un buen aprendizaje para todos, sobre todo para nosotros, los papis, que como bien dices betanico, solemos pecar mas que los chicos :P
Ali,ya me contarás también vuestra experiencia.
Yo suelo negociar con ellos. En Valencia, la mayoría de centros comerciales organizan talleres para niños. Les digo que si se portan bien tendrán como recompens un rato en la ludoteca del centro comercial donde solemos ir, y eso incluye conformarse sin comprar cosas que no necesitan. Si vivís en Valencia, podéis ver todo lo que hacen para niños en los centros comerciales en www.deceroadoce.es. A mí me gusta mucho lo que hacen en Gran Turia, porque puedes dejarlos durante una hora. Tú compras y ellos se divierten un montón.
La lista dado los tiempos que corren es muy práctica. No saltárnosla con caprichos también. Pero yo no pienso que deba ser tan "militar". Como bien dice Paloma, la decepción y la frustración forman parte de la vida, y así lo tienen que aprender también. Es mucho más incómodo desde luego, porque incluye el show de la rabieta, pero hay que superar esa etapa. Yo por mi parte, como todavía son pequeñitos, prefiero dejarlos con la abuela que se lo pasan mejor. El domingo leí en un dominical una cosa que me gustó mucho: "vivimos en nuestras burbujas de riqueza"; refiriendo al mundo occidental. Quizás cuando tengan cierta edad sería interesante mostrarles otro mundo en el que los niños viven y sobreviven con una décima parte de lo que tienen los nuestros.
Yo prefiero ir a comprar sola. Cuando entro en una tienda (de lo que sea) el pequeño se pone a gritar "comprar nooooooo" y el mayor me dice "mamá, me aburro"... De todas formas hay veces que no lo puedo evitar, y si se portan de maravilla es posible que tengan premio... normalmente un cuento. La última vez fue mi hijo el que me pidió regalo y le dije que no, que eso lo marco yo si quiero, no se lo doy porque él me lo pida. El chiquillo se puso a pensar y pensar y me hizo la siguiente propuesta... "mamá, si nos portamos requetebién, de premio ¿podemos ir al pasillo de los juguetes? sólo para mirar". Y yo, encantada, le dije que ¡¡por supuesto!!
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