Crónica de su primer partido de fútbol

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Hace unos días en casa tuvimos un verdadero acontecimiento ya que nuestro “hombrecito” se ha estrenado “oficialmente” y ha jugado su primer partido de fútbol con su equipo del colegio. Algo que como padres nos hace sentir una mezcla de alegría propia de ver como un hijo se desarrolla sano y feliz, pero que por otra parte nos muestra como se ha hecho mayor demasiado rápido para asimilarlo y te llena de una cierta melancolía incontrolable.

Me gustaría explicaros como fue la experiencia y también la razón de que me terminara de gustar la idea de que “el peque” realice esta actividad, ya que al principio no me gustaba demasiado que añadiera una hora más a sus interminables horas de escuela un par de días a la semana, pero al final el balance está siendo muy positivo.

Desde que se enteraron que iban a jugar los niños estaban expectantes, nerviosos y felices por lo que es fácil imaginar como fueron los minutos inmediatamente previos al acontecimiento. Saltaban, reían y bromeaban sin cesar. Algo que contagiaban sin saberlo a los papás que andábamos deseosos de inmortalizar una instantánea de aquellas que se guardan con tanto cariño después.

Empezó el evento y el entrenador andaba muy ocupado con dirigir el juego, pero también con mantener orden en un banquillo donde aquellos pequeñines no hacían más que reclamar su minuto de gloria en el campo por lo que no dejaban de insistir al mister que “les sacara” a jugar. Algo que el chico cumplió a la perfección ya que en los dos tiempos de 20 minutos no dudó en rotar a aquella peculiar plantilla, por lo que cada pequeño tuvo su tiempo para vivir aquella bonita experiencia personal. Algo que los padres y los propios niños agradecimos.

Entonces ocurrió el milagro, chute y gooool! pocas veces he visto celebrar tanto y con tanta alegría, ilusión, satisfacción, cariño y honestidad un gol como el que marcaron nuestros pequeños deportistas. La cara de mi niño y sus demás compañeros era un poema. Los saltos y gritos inundaban el pequeño campo de fútbol sala.

Al final el balance de goles se zanjó con un 1-3 que hacía ganador al equipo contrario. Pero entre nuestros niños solamente se pudo percibir una satisfacción y alegría de aquel que se lo pasa en grande con sus amigos. Yo ya había hablado los días anteriores con mi hijo sobre que lo único que tenía que importarle era disfrutar jugando, que si no se lo pasaba bien entonces no tendría sentido que lo hiciera.

Antes de marchar a casa los papás realizamos la foto del equipo sonriente para terminar de completar el álbum de una jornada donde se cumplieron los sueños de los pequeños futbolistas y las ilusiones de unos padres que sintieron que aunque la más tierna infancia de sus hijos poco a poco se esfumaba de sus manos, son unos privilegiados por ver que la salud y la felicidad rebosa por aquellos cuerpecitos llenos de vida.

En peques y más| La primera vez que hemos ido a ver un partido de fútbol con niños

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