
A raíz de la noticia que ha saltado estos días en todos los diarios nacionales donde nos explican como unos padres gallegos están a punto de perder la custodia de su hijo a causa de una obesidad mórbida (con 9 años pesa 70 kilos) en gran parte ocasionada por una alimentación inadecuada, me gustaría recordar que los padres somos los responsables de la alimentación de nuestros hijos.
Tampoco veo natural que tengan que separar a ningún niño de sus padres para solucionar un problema de esta índole, si este es feliz con su familia, ya que además de las secuelas que pueda tener por su obesidad, esta separación se puede convertir en una experiencia totalmente traumática e inaceptable para un pequeño de 9 años.
Cuando hay estudios que apuntan que uno de cada cinco niños españoles pueden padecer obesidad infantil me parece extraño que no hayan casos como el que acabamos de conocer más a menudo.
Todos sabemos que las claves para prevenir la obesidad infantil son: proporcionar una dieta equilibrada a nuestros hijos, practicar deporte con asiduidad para cundir con el ejemplo, estar atentos a cualquier trastorno que puedan padecer de índole emocional como falta de autoestima, alejarles de tener una vida sedentaria pasando demasiadas horas frente al televisor, ordenador…
Lo que verdaderamente me preocupa en todo esto es que a veces los padres no vemos el problema de nuestros hijos hasta que está muy avanzado. En ocasiones no somos conscientes de que no hay que esperar a que nuestro hijo padezca una obesidad para “atajar” el problema. El otro día mismo cuando recogía a mi hijo mayor de sus clases de fútbol no pude evitar fijarme en una mamá que daba de merendar a su hijo un bollo de elaboración industrial aunque el niño ya estaba aparentemente algo pasado de peso. Debemos alimentar a nuestros hijos con responsabilidad, no debemos escatimar esfuerzos en temas de salud para las personas que más queremos.
Imagen| Universidad Católica de Chile
Vía| La voz de Galicia
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